Hoy voy a tratar de una de las cruces más escondidas del pueblo; la llamada "Cruz de Dimas"; no la vais a encontrar en nuestras calles, ni en ninguno de los caminos y carreteras que rodean nuestro pueblo; está en el Valle.
Os voy a contar lo poco que sabemos de su origen: allá, a mediados de los años cuarenta del pasado siglo, creemos que exactamente en 1945, a seis años de acabada la guerra civil, había en nuestro municipio muchos rebaños de ovejas y, por consiguiente, muchos pastores; era costumbre que en cada casa se tuvieran dos o tres ovejas que, al amanecer salían cada una de la casa de su dueño e iban agrupándose en un rebaño que salía a los campos a pacer y muchos de ellos lo hacían en el Valle, que no estaba vallado como ahora.
Uno de estos rebaños, llamémoslos "comunales", lo guiaba Dimas, no sabemos su apellido o, por lo menos, nadie lo recuerda; era ya un hombre mayor, tendría alrededor de sesenta años, que ahora no nos parecerá mucho pero, en esa época, sí lo era; bien, pues decíamos que Dimas llevó su rebaño a pastar al Valle como hacía todos los días, era verano, principios del verano, las ovejas iban comiendo seguidas por el pastor y los dos perrillos que le ayudaban; pasó el mediodía, pasó la tarde y el rebaño volvió al pueblo, agrupándose, como todos los días, en el cruce de la calle Segovia con la del Mediodía; sólo había algo inusual, el pastor no iba con ellas.
Los vecinos, alarmados, marcharon hacia el Valle, por los caminos por los que solían volver los rebaños para ver si podían encontrar a Dimas, y lo encontraron, claro que sí; el pobre hombre yacía, muerto, en un altillo desde el que se iniciaba una vaguada que conducía al Camino de Abajo de la Virgen. La noticia voló al pueblo y todos sintieron en lo más profundo la muerte de Dimas, un ataque al corazón fulminante había acabado con su vida, se llevó el cuerpo a las traseras de la ermita de San Cristóbal, donde el médico del pueblo le hizo la autopsia; después fue enterrado cristianamente en el cementerio.
Algunos vecinos, amigos del finado y compañeros de profesión decidieron hacer algo en memoria de Dimas; fueron al lugar donde falleció y llamando en su ayuda a varios chiquillos que andaban por allí, les pidieron que les llevaran piedras de cierta forma y tamaño y, con ellas, hicieron una cruz en el suelo, apretándolas bien para que no se movieran y resistieran el paso del tiempo, de las personas y de los animales; poco después, otro pastor, Lorencillo, hincó un hito de granito en la cabecera para que el lugar pudiese ser reconocido más fácilmente.
El tiempo pasó, el tiempo, los hombres, los animales, la naturaleza en fin, acabaron por tapar aquella cruz y hasta se olvidó su existencia y el motivo por el que fue creada; hoy, los hijos de aquellos que la hicieron la han encontrado, la han limpiado y la han puesto a disposición de todo el pueblo, para que no se olvide a aquel hombre que se llamaba Dimas y a aquellos que quisieron que su memoria no se olvidase.



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