29 de diciembre de 2015

Aldeavieja: siglo XIX. 5.

          Está acabando el siglo y la vida continua; el Diario de Avisos de Segovia (primer diario que existió en esa capital) se hace eco, el 17 septiembre  de 1899, a través de su corresponsal en Aldeavieja, de los actos celebrados ese años en La romería del Cubillo y funciones de Aldeavieja. Este corresponsal no fue otro que el farmacéutico del lugar: Gregorio Perlado que, dotado de una amplia cultura y una gran preocupación por la mejora de la vida en su patria de adopción (él era de Segovia), publicó numerosos artículos en este periódico, en los que relataba, largamente, los acontecimientos que ocurrían en Aldeavieja, a la vez que hacía campañas, con mayor o peor fortuna sobre la solución a las necesidades que el pueblo tenía; suya es una campaña para que se pusiera en marcha la línea de autobuses entre Segovia y Ávila que, felizmente, consiguió; veamos ahora como relata las celebraciones de la fiesta mayor del pueblo:
          La romería del Cubillo tenía antes excepcional importancia, y a ella concurrían, no sólo de las provincias de Segovia y Ávila, sino de todas las regiones de España. La devoción que inspiraba también Nuestra Señora del Cubillo, hace que sea su santuario uno de los más ricos de la Diócesis, por los muchos donativos que se le han hecho.
          Hoy sigue teniendo bastante importancia esta romería, y a ella han concurrido este año gran número de gentes, ofreciendo la deliciosa pradera un aspecto vistosísimo.
          Entrando ahora en la descripción de las fiestas que Aldeavieja dedicó a su adorada Patrona, diremos: que el día 7 a las cuatro de la tarde comenzaron aquellas con uno de sus números de mayor efecto, reuniéndose a las puertas del Ayuntamiento, montados en excelentes cabalgaduras, los señores que constituyen la Corporación municipal, con su secretario Don Román Pérez, conduciendo el primer Regidor D. Rafael Muñoz, el artístico cetro de la Virgen (regalo del difunto banquero de Barcelona, e hijo de este pueblo, D. José López Gordo); Sr. Juez municipal, D. Fermín Gordo; médico titular, D. Enrique González; los tenientes repatriados e hijos de este pueblo, D. Santiago Muñoz y D. Simón Maroto, y otros muchos vecinos y romeros, no habiendo asistido el alcalde D. Carlos Silgado y las distinguidas familias de los señores Gordo, Moreno y Muñoz, por recientes lutos de familia.


                            El “Acompaño”, en la Aceiterilla, en 1898.

          Organizada la cabalgata bajo la presidencia del teniente alcalde, Don Buenaventura Muñoz, al son del tambor y la dulzaina, se dirigieron a la casa rectoral, e incorporado el Sr. Cura párroco, D. Bonifacio Peláyez, D. Santos García, canónigo de San Ildefonso; D. Sebastián de la Iglesia, profesor de 1ª enseñanza de este pueblo, y algunos otros señores, se dirigieron al Santuario, que dista 3 kilómetros del pueblo, siendo saludados con sombrero en mano por cuantos se hallaban a su paso. Celebradas vísperas solemnes, y después de un rato de baile en aquella pradera, regresó la cabalgata en la propia forma que había ido, haciendo su entrada en el pueblo alumbrados por luces de bengala. En el salón de sesiones del municipio se sirvió un modesto refresco a todos los concurrentes; a continuación se quemaron fuegos artificiales preparados por el acreditado pirotécnico de Madrid, D. Manuel Ruiz, terminando la velada con el obligado baile de tambor; y en los alrededores del Santuario duró toda la noche el bullicio y la algazara producidos por los muchos romeros que allí pernoctaron.
          El día 8 organizóse la cabalgata como el anterior, y en la propia forma se dirigió al Santuario para asistir a la misa que celebró nuestro digno párroco; con asistencia de don Tomás Martín, coadjutor de Maello, y don Pío García, párroco de Mediana, ocupando la cátedra sagrada el M. I. señor Don Santos García, canónigo de la Real e insigne Colegiata de San Ildefonso, quien, con palabra fácil y muy elocuente, desarrolló este tema: “La Virgen del Cubillo es la redentora de este pueblo, y de todos aquellos que se acogen bajo su protección y amparo”, discurso lleno de erudición, en el que, apoyándose en el testimonio de la Historia, probó plenamente los extremos que se proponía, terminando por una sentida e inspiradísima invocación a la Santa Virgen del Cubillo, que excitó las lágrimas de los concurrentes, quienes le felicitaron muy cordialmente, como nosotros lo hacemos desde las columnas de este periódico, sintiendo muy de veras el que nuestra memoria nos sea tan infiel, que nos prive de reproducir algunos de los bellísimos párrafos que esmaltaban tan concienzudo trabajo.
          Terminada la misa, salió en procesión la veneranda Imagen, colocada en su preciosa carroza, y vestida con valiosísimos trajes y alhajas, y artística y monumental corona, regalo todo del precitado Don José López Gordo. La procesión circuló por los alrededores del Santuario, siendo obsequiada la Virgen por los vendedores que arrojaban a la carroza los productos de su comercio que eran susceptible de ello, yendo innumerables parejas de mozos bailando dentro de la valla formada, y una sección de la guardia civil, mandada por el primer teniente, cubriendo la carrera.
          Por la tarde hubo gran rueda de baile en la pradera, y al anochecer regresó la cabalgata en la misma forma que había ido, repitiéndose los mismos espectáculos de la noche anterior.
          El día 9 corrida de toros en la plaza mayor, de la ganadería de D. Andrés Gordo, vecino de este pueblo, concurriendo mucha gente de Villacastín y pueblos inmediatos, y aún de Ávila, y a continuación el consabido baile en las eras, que se hacían pequeñas para contener tanta gente, y donde lucieron sus habilidades y hermosuras las muchachas de toda esta comarca.
          El día 10 se corrieron toros de la ganadería de D. Narciso Mejías, vecino del Espinar.
          El 11, misa en el Santuario costeada por un romero, vecino de Montejo de Arévalo, y por la tarde el imprescindible baile.
          Los días 12 y 13, misa solemne y procesión de la Virgen, costeadas por un devoto. Y como digno remate y coronación de estas fiestas, durante una larga temporada habrá misa cantada en el Santuario, pagadas con el producto de las limosnas que se depositan para este fin, en una bandeja que se coloca en la Romería, según antigua costumbre.
          Para terminar, sólo nos resta decir: que durante las fiestas no hubo ningún accidente desgraciado que lamentar; los toros, fueron bravos y nobles; los aficionados sufrieron algunos revolcones que hicieron las delicias del público, especialmente el conocido con el apodo de Japi, vecino de Blascoeles, que lució muy bien sus habilidades; y, por último, la concurrencia a estas fiestas, y especialmente a la Romería, fue muy numerosa, viéndose familias distinguidas y muy conocidas en el mundo elegante de Ávila, y otras varias no menos distinguidas de Madrid, Escorial, Sangarcía, y Segovia, cuyos nombres no consignamos por no hacer más larga esta revista de lo que ya ha resultado.

G.P.

26 de diciembre de 2015

Aldeavieja: siglo XIX. 4.

          Por estos años es muy corriente que las plagas “bíblicas” se abatan sobre los campos de Castilla, aparte de la “pertinaz sequía” que cíclicamente se presenta, la langosta es otro de los enemigos que parece como si nunca fueran a desaparecer; dos noticias aparecidas en diferentes periódicos dan cuenta de su aparición:      
          La Esperanza, con fecha 15 de junio de 1864, dice lo siguiente:
Se ha presentado la langosta en las dehesas de los pueblos de Blasco-Millán, Gallegos de Sobrinos, San Miguel de Serreruela, Cabezas del Villar, Urraca y Aldeavieja, provincia de Ávila.
          En 1882, el  2 de julio, es el Diario de Córdoba, el que da la noticia:
La langosta se desarrolla de una manera funesta en Ávila. A los pueblos de Urraca, Mediana, Bernuy y otros varios, anteriormente invadidos, tenemos que agregar hoy el de Aldeavieja, en cuyo término y dehesa de La Lancha, propiedad del propietario y concejal D. Emeterio Martínez de Tejada,  hace terribles estragos.



          Estamos, en estos momentos, en un repunte de la riqueza del lugar; parece ser que la paz, la mejora de las condiciones de vida (en estos años se está acabando la carretera de Ávila a Segovia, dando una mayor comunicación entre los pueblos y por lo tanto facilitando el comercio y el progreso); este repunte ocasiona el aumento de la población; según la “Historia de Ávila” de Juan Martín Carramolino, de 1872, Aldeavieja tiene 763 habitantes, 429 hombres y 334 mujeres; de los varones, 258 están solteros, 147 casados y 24 viudos; entre las mujeres, las solteras son 164, las casadas 142 y las viudas 28. ¿Más hombres que mujeres?, sí, lo normal es, en esta época, que muchas de ellas marchen a las ciudades para el servicio doméstico, abandonando el pueblo y “obligando” a la población masculina a buscar pareja en los pueblos limítrofes: Blascoeles, Ojos Albos, Villacastín o Maello.
          En la “Guía del antiguo reino de Castilla, provincias de Burgos, Santander, Logroño, Soria, Ávila y Segovia: viaje geográfico, artístico y pintoresco”, publicada en 1886 por Emilio Valverde y Alvarez, se hace una relación de la carretera regional de Ávila a Villacastín, que ya está terminada, con una pequeña descripción de los pueblos por los que atraviesa, veámosla:
          Nace esta carretera en Ávila. Déjase a la izquierda la estación del ferrocarril, se cruza la línea, y por terreno muy accidentado y ondulado se llega a los seis kilómetros a Vicolozano, lugar con 294 habitantes y 105 viviendas, situado a la izquierda, en la falda de un pequeño cerro, con los barrios de Brieba y Encinas, e iglesia parroquial aneja de la de Bernuy-Salmero.
          Desde Vicolozano se sigue la orilla izquierda del arroyo San Juanigo y se asciende luego para cruzar la pequeña divisoria entre el Voltoya y el Adaja, que se salva a los cuatro kilómetros, descendiendo después, pasando por un pontón el arroyo Berrocalejo, dejando a la izquierda el lugar de Berrocalejo de Aragona, dos kilómetros después, a la derecha el de Mediana, pasando por otro puente de tres arcos el Voltoya, salvando el límite de las provincias de Segovia y Ávila, más tarde, el río Cárcobas, por un pontón, y llegando por la Paramera de Ávila a los 23 kilómetros a Aldea Vieja, lugar con 763 habitantes y 250 viviendas, situado en llano y en la ladera de un cerro, cerca de la sierra de Campo Azálvaro, con cinco calles, una plaza, casa municipal, escuela, iglesia parroquial, dos ermitas y el célebre santuario de Nuestra Señora del Cubillo. Riegan su término los arroyos Tijera y Cardeñosa, y en su industria figuran una tenería de curtidos y telares de estameñas ordinarias.
          Con iguales accidentes, y por las estribaciones de la sierra de Guadarrama, se llega a los 30 kilómetros a Villacastín, lugar ya descrito.




          En 1897, el 13 noviembre, el semanario El Amigo del Pueblo, de Segovia, da cuenta de la consagración de dos nuevas campanas para la iglesia de San Sebastián: El día 4 y ante un numerosísimo concurso, tuvo lugar en Aldeavieja el acto de consagración de las dos bonitas campanas que recientemente fundió en esta Ciudad el acreditado industrial D. Paulino Linares. En representación del Sr. Obispo hizo la consagración el Sr. Arcipreste D. Rufino Sáez Cura párroco de Bercial; y las campanas han sido dedicadas, la una a los Sagrados Corazones de Jesús y María, la otra a San José.

21 de diciembre de 2015

Aldeavieja. Siglo XIX. 3.

         La población de Aldeavieja sigue reduciéndose; en 1846, el 14 de octubre, el periódico El Pensamiento de la Nación, publica un listado con la población de las localidades que conforman el Primer Distrito (electoral) de la provincia de Ávila, hay cincuenta habitantes menos que hace veinte años:
División de las provincias en distritos electorales para el nombramiento de diputados a cortes.
Provincia de Ávila.
Primer distrito.
Cabeza.- Ávila, 4.121 almas.
(…) Aldeavieja, 408.(…) Bernuy Salinero, 79. Berrocalejo de Aragona, 87. Blascoeles, 312. Maello, 519. Mediana, 125. Ojos-Albos, 136. Urraca, 208. Vicolozano y anejos, 94. Peguerinos y anejos, 511. (…)


                                                                          Vista general de Aldeavieja en los años 50 del pasado siglo.

          Estamos en 1848, Pascual Madoz publica su famoso Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar; una publicación clave para conocer la situación de cada localidad española en ese momento; estamos en el reinado de Isabel II y el país vive un continuo vaivén político, intentando consolidar un régimen monárquico parlamentario, que es muy difícil de asimilar por el pueblo llano; los votos se mueven por el clientelismo, lejos de ideas políticas que siguen siendo totalmente ajenas a la vida cotidiana de los ciudadanos; Aldeavieja pasa a depender, administrativamente, de la provincia de Ávila desde 1833, con la nueva división provincial del territorio español.

          ALDEAVIEJA: con ayuntamiento; de la provincia, administración de rentas v partido judicial de Ávila (4 leguas), audiencia territorial de Madrid (15 leguas), capitanía general de Valladolid (18 leguas), diócesis de Segovia (7 leguas): SITUADA al ESTE de la capital en llano la mayor parte, y lo restante en la ladera de un cerro que se eleva al Norte, tiene al lado Sur la sierra denominada del Campo de Azálvaro, cuyo declive llega casi hasta las mismas casas, y está resguardada por ambos lados de los vientos de aquellas partes con sano CLIMA , y solo se padecen algunas calenturas estacionales: tiene 116 CASAS desde 9 hasta 30 pies de altura, en lo general de buena distribución interior, formando cuerpo de población en 5 calles bastante limpias, una plaza cuadrilonga, y muy regular; en ella la casa de ayuntamiento, que sirve también de cárcel, y un pilar para abrevadero de los ganados; escuela de primera enseñanza dotada con 24 fanegas de trigo por los padres de los alumnos, y 600 reales de los fondos públicos: asisten á ella 49 niños y 13 niñas: tiene iglesia parroquial dedicada á San Sebastián con curato perpetuo; dos fuentes de agua potable para el uso del vecindario, y 22 pozos en las casas: en los afueras se hallan el cementerio al Este que no perjudica á la salubridad; una pequeña alameda cercada, de dominio particular; 4 pequeñas charcas en los prados, dos ermitas, y algo más lejos el hermoso y célebre santuario de Ntra. Sra. del Cubillo (V.) El TÉRMINO es común con el inmediato de Blascoeles, y confina por N. con el de Maello; E. con el de Villacastín; S. con el de Ojos-Albos y sierras del Campo-Azálvaro, y O. con dehesa de Tabladillo: comprende 1 legua de N. á S. y 1/2 de E. á O. con 4.430 fanegas de tierra, de las cuales se cultivan 100 de primera calidad, 500 de segunda, 664 de tercera, 30 de prados de regadío y 9 huertos con frutales; están incultas 2.000 fanegas y 1.100 con monte de encina, roble y algunos fresnos: le bañan los arroyos Tijera y Cardeña que pasan al E. y O. del pueblo, y aunque de curso perenne son de poco caudal, y sólo se utilizan en el riego de los prados: los CAMINOS son: el de herradura de Ávila á Segovia en mal estado y otros locales: deja la CORRESPONDENCIA el correo de Ávila á Villacastín, que pasa por este pueblo, PRODUCCION: trigo, cebada , centeno , garbanzos , algarrobas; se cría ganado lanar , cabrio, caballar, de cerda, 77 cabezas de vacuno cerril, 54 de labor, 35 yeguas cerriles, 16 para la labranza, y alguna caza menor, INDUSTRIA: una tenería de curtidos, y algunos telares de estameñas ordinarias, POBLACIÓN: 104 vecinos, 408 almas. CAPITAL PRODUCIDO TERRITORIAL y pecuario: 1.180.025 reales. IMPUESTOS: 47.201. PRODUCTO Representativo de la riqueza industrial y fabril 3.450. CÓNTRIBUCION: por el primer concepto 15.296 reales 20 maravedies, por el industrial 138. PRESUPUESTO MUNICIPAL 8.000 reales del que se pagan 900 al secretario por su dotación: se cubre con 27 fanegas 9 celemines de trigo, canon de los terrenos del Llanillo y suertes de Cárdeña, las yerbas de la arboledas , 1.087 reales por pastos del monte y robledal, el producto del corte de leñas en los años que se verifica, y el déficit, por repartimiento vecinal, advirtiéndose que estos productos son deducida la cuarta parte de su total, que corresponde al pueblo de Blascoeles por razón de su mancomunidad.

          Pero los tiempos van cambiando, el siglo XIX es una época de cambios, de transformaciones, que aunque ahora nos parecerían ridículas, son grandes pasos para la mejora de la sociedad campesina, anclada durante siglos en unas costumbres y unas formas de vida casi medievales.
          En 1855 se aprueba la línea del telégrafo; el periódico La España, en su número de 25 de abril señala que, entre la líneas del Noroeste, desde Segovia partirá otro ramal que termine en Ávila, pasando por Aldea Vieja, con 14 leguas de 2 hilos. En Villacastín se instalará una estación de telégrafo que facilitará la rápida comunicación entre los pueblos de la zona y las dos capitales de provincia.
          Estamos también en la época de la industrialización, de la minería, de la búsqueda de recursos que saquen a España de ser una sociedad agrícola y la equiparen a los demás países europeos. En 1857 se da noticia del registro de una mina de óxido de hierro, denominada “San Nicolás”, de la que no se facilita la ubicación, dentro del término de Aldeavieja; tres años más tarde se la considerada abandonada a pesar de seguir albergando mineral. Por el tipo de terreno y por las muestras de roca, debía de estar en una de las laderas, posiblemente en la parte norte u oeste, del cerro del Calvario.

          Pasan cosas importantes y otras anecdóticas, como el cambio de nombre del pueblo; a partir del censo que se realiza en 1860, pasa a llamarse Aldeavieja, juntando las dos palabras que otorgaban su antigüedad a la cabeza de los caseríos del Cardeña. 

13 de diciembre de 2015

Aldeavieja. Siglo XIX. 2

Documentación.
A continuación se copian unas reseñas de la prensa de la época en las que aparece nuestro pueblo como protagonista de diferentes hechos ocurridos durante las guerras carlistas.
                    De Segovia con fecha 13 escriben que el día anterior se recibió un parte de hallarse próximo a Villacastín el cabecilla La Perdiz con 140 hombres a caballo. A poco rato se dispuso que saliese de aquella ciudad una columna con el señor comandante general Don Rafael Medez compuesta de 350 infantes y 8 caballos que pudieron reunirse; pero no había esperanzas de que diesen alcance a los enemigos porque éstos iban a caballo y se burlarían de nuestros infantes.
Se aseguraba que los rebeldes entraron en Aldeavieja, en donde saquearon y robaron a su placer, llevándose las varas del palio, sin duda para lanzas. No se curaron de que servían al divino culto.
(Eco del Comercio. 16/06/1838)



                                                       Tropas gubernamentales protegiendo un convoy de posibles ataques carlistas.

          Un diario de la tarde publica los siguientes pormenores de los escesos que cometió el cabecilla La Perdiz en Aldeavieja, y del punto a donde se dirigió después del saqueo.
          “El día 12 a las 10 de la mañana se presentó en Aldeavieja, sin tener la menor noticia de su aproximación, una partida de facciosos al mando, según ellos, de un tal Perdiz, en número de 70 a 80, aunque ellos le suponían doble. Esta turba de miserables andrajosos, vestidos los más de paisanos y con malísimas armas, sacaron raciones de todas clases, y de las casas cuanto vieron sus ojos, tanto de ropas como de otros efectos, siéndoles indiferente fuesen de hombre o de muger; todo les venía bien y daban con ello en sus alforjas. De aquel pueblo y de Blascoeles llevaron unas 14 ó 15 yeguas y malos caballos, y en su retirada por los campos de Azalvaro cogieron veinte yeguas de Ituero, las Navas y Villacastín. Sólo permanecieron 4 ó 6 horas, gracias a que venía de Ávila una partida de seis soldados y un oficial que les pareció ser avanzada, y echaron a correr. Si en vez de seis hombres hubieran sido 30, casi todos hubieran quedado en su poder, pues no puede verse ni figurarse nadie cosa más mala ni más perdida.
Si esta familia continua mucho por aquí nos arruinarán, y esto será muy fácil suceda si los arrojan de la Mancha y Toledo”.
          -En otra carta, después de referirse a la incursión de los mismos rebeldes, se dice:
          “Esta partida y algunas otras no salen de las Navas del Marqués, Nava el Peral, Ojos Albos, Urraca y esta sierra del campo de Azalvaro, sin que haya un soldado destinado a su persecución. Va aumentándose de día en día, y es de creer se engrose y llegue a contar con fuerza suficiente para destacar algunas partidillas a los caminos reales desde el Espinar a Arévalo y Olmedo, e intercepten las comunicaciones y portes para el ejército, como en la noche del 15 faltó poco para suceder estos días con uno de estos que iba a esa y tuvo que detenerse en Villacastín, por haber 10 facciosos en el Caloco esperando si pasaba algún posta o correo.
          Para mantener las comunicaciones las partidas de 8 ó 10 hombres del provincial de Córdoba que hay en el Espinar, Villacastín y Labajos de nada sirven, valdría más retirarlas, antes que la noche menos pensada saquen a los soldados de sus alojamientos”.
          -Con fecha 13 escriben de Ávila relativo a la misma facción de La Perdiz lo siguiente:
          “En Bernuy, a legua y media de ésta, estuvo ayer el rebelde Perdiz, con unos 100 ó 130 hombres; y después de robar todas las caballerías que hubo a mano, marcharon por Urraca y Ojos Albos hacia Villacastín y Navas de San Antón, cometiendo mil tropelías. Al alcalde del Berraco le dieron tantos golpes que ha muerto hoy, como también el de otro pueblecito inmediato. Este comandante general nada puede hacer, porque no tiene gente”.
(Eco del Comercio. 17/06/1838)

          Un rico propietario de la provincia de Segovia que llegó ayer a esta corte nos ha informado por menor de la calidad de los facciosos que al mando del ladronzuelo Perdiz destrozan aquella provincia y la de Ávila. Dice que ni los perdidos lacayos de Negri, ni lo más malo de las demás facciones que han pisado aquella provincia puede compararse a la gavilla de Perdiz. En ella no hay orden, organización ni disciplina de ninguna especie; cada faccioso se apodera de lo que ve por delante; hay hombre que lleva cinco caballerías mientras que otros van a pie; nada, por supuesto, de armas regulares y menos de vestuario; nada de respeto a los gefes, incluso al mismo Perdiz, a quien no le acompañan cualidades ningunas de militar.
          En el país están asombrados de que una horda tan impotente y miserable haya podido sostenerse ni siquiera dos días sin ser aniquilado; y aseguran todos que con dos mitades de caballería desaparecerían tan pronto como  logren alcanzarle; pues le juzgan incapaz de sostener un cuarto de hora de combate contra cualquier fuerza organizada.
          ¿Y es posible que estos andrajosos allegadizos, hayan quemado pueblos, saqueado otros muchos, y tengan a contribución tres provincias? Estaba reservado, repetimos, semejante escándalo al ministerio que nos ofreció la paz como por ensalmo, y que le ha visto tranquilo de Madrid a una jornada de distancia.
          Y no vale decir que las gavillas de esta especie se sustraen mejor a la persecución que los batallones reunidos y organizados. Esto sería bueno si hubiese habido tal persecución; pero es constante y notorio que hasta el día no hay fuerzas especialmente destinadas a evitar los estragos de Perdiz. Sirva de contestación al diario ministerial que ayer tarde quiso, como costumbre, desfigurar los hechos por llevar adelante su servil adulación al poder.
          El Mundo dice que el coronel Córdova salió antes de anoche a perseguir a Perdiz. Ya era hora de que saliese cualquiera.
(Eco del Comercio.- 27/07/1838)



                                                                                   Escena de trilla en un grabado de la época.

          En “El Castellano” de anoche leemos lo siguiente:
          OCURRENCIA ESCANDALOSA.- Con fecha de ayer nos dicen de un pueblo de Castilla, que habiendo tenido noticia de hallarse Calvente con 64 malos caballos, la mayor parte desarmados en Aldeavieja, salieron en su persecución los destacamentos de Villacastín y Navas de San Antonio, componiendo una fuerza de 180 infantes, todos pertenecientes al provincial de Córdoba. Los rebeldes se habían dirigido a Velayos, y se hallaban allí muy descuidados, en términos que todos pudieron haber caído en poder de los de Córdoba cuando éstos se acercaron al pueblo; pero en vez de guardar silencio y tomar las salidas y demás precauciones, hicieron estrepitosas descargas que avisaron a los enemigos, de modo que se pusieron en precipitada fuga. Sin embargo de su extraño modo de hacer sorpresas lograron coger ocho descuidados y 25 caballerías.
          Lo que a todos ha causado escándalo e indignación es que en vez de ocuparse esta fuerza en perseguir a los fugitivos, se entregase al pillage en las casas, diesen una cuchillada al alcalde, apaleasen al regidor, hirieran de bala a una muger y cometiesen otros atentados que la pluma se resiste a escribir.
          Esta conducta criminal es tanto más notable cuanto que Calvente es hombre bastante moderado, y que no ejecuta en los pueblos las tropelías que otros cabecillas, por lo que han podido comparar la conducta de unos y otros.
(Eco del Comercio. 13/10/1838)

          En el libro de cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora del Cubillo, hay el siguiente asiento referente al año 1838:

          Se reponen cosas, que los “facciosos” habían robado el 12 de mayo del mismo año

8 de diciembre de 2015

Aldeavieja. Siglo XIX. 1.

Siglo XIX.
          Va a comenzar el convulso siglo XIX; ha pasado la guerra de la Independencia con sus secuelas de robos, destrucciones, muertes, hambre y pobreza; Aldeavieja también ha sufrido sus consecuencias; sus bienes artísticos no han sido maltratados, como en Villacastín, al estar un poco al margen de las grandes vías de comunicación; pero los campesinos se ven obligados a la venta de sus propiedades para poder subsistir; han sido años de perder ganados a costa de los ejércitos de ambos bandos y de no poder recoger adecuadamente las cosechas; lo peor es que esa venta incluye la expulsión de los renteros, así, en Aldeavieja, el 22 de septiembre de 1811, el dueño de una tierra pide al ministro de justicia que obligue a su rentero a entregar los títulos de pertenencia para poder pedir al rey su venta.
          Pero no acaba ahí: los años siguientes, con las luchas entre liberales y conservadores; los antiguos guerrilleros reconvertidos en bandoleros, la nueva invasión francesa con los Cien Mil Hijos de San Luis; a propósito de esto último tenemos una noticia recogida el 19 de julio de 1823 en la Gaceta de Madrid, con el siguiente texto:

          —“ Tenemos a la vista carta de Aldeavieja de 31 de Mayo, cerca de la sierra de Guadarrama, en que se cuentan las atrocidades cometidas por los invasores en varios pueblos: en uno robaron hasta los vasos sagrados, después de asesinar a dos sacerdotes”. 

          En 1828, publica Sebastián Miñano su Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal; en él podemos apreciar la diferencia de población que se ha producido en menos de cien años; la guerra con los franceses, la pobreza consiguiente, la venta de las heredades, han podido con una localidad hasta ahora pujante; esta es la entrada correspondiente a nuestro pueblo:

(ALDEA VIEJA, Localidad de España, provincia, obispado y partido de Segovia, Sexmo de Posaderas. A.P., 140 vecinos, 452 habitantes, 1 parroquia, 1 pósito, mediano caserío. Situada en la carretera que conduce desde Ávila a Segovia, entre el río Cardeña y el Voltoya, sobre el cual tiene un buen puente de piedra; confina con Blascoeles y Villacastín, de igual o semejantes producciones, que son: buenas aguas, leña, algunos granos y bastante ganado lanar. Entre este pueblo y el de Mediana hay un buen pinar que se extiende a media legua. Dista 7 de la capital, y desde Ávila hay 6 horas y media de marcha militar, en cuyo intermedio se encuentran la Montaracia de Aldealgordo, la de Tabladillo y el referido Blascoeles. Contribuye 12.537 reales 18 maravedíes.)


  
                                                                                      Mapa de Segovia y Ávila, de 1853


          Pero va a ser a la muerte de Fernando VII, en las guerras en torno a su sucesión, cuando este dramatismo se va a acentuar; las guerras carlistas son una auténtica guerra civil, inhumana y que enfrenta a unos españoles con otros; Aldeavieja es tierra de paso y en su comarca se asientan bandas de carlistas (facciosos se les llama en la época) que viven sobre el terreno a base de robos y de sembrar el terror.

4 de diciembre de 2015

Aldeavieja: siglo XVIII. 2


          Tres años después de la redacción del Catastro de Ensenada, se produjo un hecho que convulsionó a casi toda la sociedad española de la época: el terremoto que, el 1 de noviembre de 1755, asoló Lisboa y que se sintió en casi toda la península ibérica y en otras zonas de Europa; a consecuencia de ello, el día 8 del mismo mes, el rey Fernando VI ordenó que se realizase una encuesta entre todas las ciudades y municipios de cierta importancia, para que se conociesen los daños que el terremoto había causado en sus posesiones; por supuesto esta encuesta llegó a Aldeavieja; las preguntas de la misma eran las siguientes:
1. ¿Se sintió el terremoto?
2. ¿A qué hora?
3. ¿Qué tiempo duró?
4. ¿Qué movimientos se observaron en los suelos, paredes, edificios, fuentes
y ríos?
5. ¿Qué ruinas o perjuicios se han ocasionado en las fábricas?
6. ¿Han resultado muertes o heridas en personas y animales?
7. ¿Ocurrió otra cosa notable?
8. Antes de él ¿hubo señales que lo anunciasen?

            La primera respuesta que se recoge es la del cura párroco:   
           Respondiendo a lo que se me pregunta en atención a la precedente carta Orden, digo con toda verdad:
           Que el día de todos Santos, primero de este mes, habiendo celebrado misa, y estando sentados en la sacristía de la Iglesia de este lugar con otros sacerdotes y algunos seglares, entre nueve y diez de la mañana, a mi parecer oí un ruido como si pasaran algunos coches, inmediato a la sacristía, que nos pareció tempestad de aire.
           A muy poco tiempo se empezó a mover el asiento, en que estaba sentado, hacia arriba, lentamente, aumentando el movimiento de forma que movía el cuerpo, con cuyo motivo dije a los circunstantes: «la tierra se mueve», asintiendo todos a ello, por experimentar lo mismo, y creció en el discurso de el tiempo que se pueden rezar tres credos, tanto el movimiento hacia arriba, que se movía el cuerpo a la manera que el que siente el que camina en un caballo a trote.
           Sobresaltado, salí a la Iglesia, y vi moverse las laudes y paredes, las unas hacia arriba y las otras a los lados, y mucha gente, que a tropel salía de la Iglesia, por decir que se hundía.
           Fuimos al altar mayor y no sentí más.
           Me parece sería su duración como de el tiempo se tarda en rezar cinco credos, poco más o menos.
           Ha sido Dios servido que en este pueblo no se ha experimentado ruina, ni perjuicio alguno en edificio, ni criatura, que haya llegado a mi noticia.
          No he advertido indicio alguno que pudiese motivar semejante temblor, y sí formo concepto de que es otro aviso que la Majestad Divina nos da de su justo enojo por nuestras culpas, y lo obstinados que estamos en ellas, pues no habiéndonos dado por sentidos al azote de la hambre y miseria de los precedentes años, ni menos al conocido beneficio de la próxima anterior abundantísima cosecha, perentoriamente nos quiere anunciar su Justicia.
           Esto es cuanto he advertido, y experimentado. Por ser verdad lo firmo en Aldeavieja, a diez y ocho de noviembre de mi setecientos cincuenta y cinco.
           J. Manuel Zahonero de Robles y García


  
                                                                                 Interior de la sacristía de la iglesia de San Sebastián.
        
          Después, el alcalde da fe de las explicaciones de uno de los testigos:
           Hecho cargo de las preguntas que contiene la anterior carta, digo:
           Que en el día primero del que rige, como a cosa de entre nueve y diez de la mañana, estando en la Iglesia parroquial de este lugar de Aldeavieja, a la asistencia de los Divinos oficios, en el promedio de ella, senta[do] en uno de los bancos que tiene, observé grandísimo ruido y, al mismo tiempo, el que se levantaban así el nominado banco, como las losas que tiene y que el coro o tribuna se movía y, por consiguiente, sus paredes y postes de dicha Iglesia.
           Y que la gente que estaba tocando la campana se bajó a toda prisa por moverse en la misma conformidad la torre, por cuyo motivo la gente que se hallaba dentro de la Iglesia, con grandísimo tropel se salió, haciendo juicio se arruinaba.
           Y también se observó que el capitel de la capilla de San Joseph, agregado a esta, se torció a un lado y a otro.
           Lo que me parece duraría como cosa de cinco o seis minutos, poco más o menos, y que no ha llegado a mi noticia haya sucedido desgracia alguna en este pueblo, ni en personas ni edificios.
           No advirtió indicio ninguno que motivase semejante temblor.
           Y que no hace juicio qué motivos ni circunstancias ha movido a semejante temblor.
           Y por ser verdad cuanto lleva dicho, y haberlo por sí visto y experimentado, lo firma, junto con el Señor Alcalde en Aldeavieja, y noviembre diez y ocho de mil setecientos y cincuenta y cinco,
           Balthasar Martín Garzía, Manuel Soria Casillas

          Por último, el alcalde hace llamar a otro vecino y transcribe sus impresiones:
           Balthasar Martín García, Alcalde ordinario de este lugar de Aldeavieja, en vista de la carta Orden que motiva las declaraciones antecedentes, hizo comparecer ante sí a Sebastián García Zahonero, vecino de este dicho lugar, y enterado de su contenido, dijo:
          Que estando en su casa, como a cosa de entre nueve y diez de la mañana, observó venir grandísimo ruido y, al mismo tiempo, que los suelos de ella se movían, los techos crujían, las maderas unas con otras, las paredes se movían también de un lado a otro, y, temeroso, así él como parte de su familia, se salieron a la calle, haciendo juicio se arruinaba dicha su casa, y halló que los circunvecinos les había sucedido en las suyas, y que bajando a la Iglesia a la asistencia de los Divinos oficios, oyó decir en común había sucedido en todo el pueblo, y en cada casa en particular, y halló también asustada la gente que había salido de la Iglesia, temerosa de la ruina.
           Que no ha oído decir haya habido desgracia ninguna en personas ni edificios, y que no advirtió cosa alguna antes de el temblor y que su juicio: ser aviso de Dios para que, como tan malos, nos enmendemos de tantas culpas.
           Y por ser así verdad cuanto lleva dado, lo firmo, junto con dicho señor Alcalde, en dicho lugar de Aldeavieja, y noviembre diez y ocho de mil setecientos cincuenta y cinco.
           Balthasar Martín Garzía, Sebastián Garzía Zahonero


          Es un testimonio de cómo sentían las gentes de aquellos tiempos y de cómo señalaban como causa de todos sus males (y de sus bienes) a Dios; como se comprenderá, la educación, en pleno siglo XVIII, no estaba muy extendida, y el párroco era, con toda seguridad, la persona más influyente en las conciencias de la mayoría de la población. Es curioso observar, como la palabra “terremoto” no aparece en ninguna de las opiniones recogidas, sea cual sea el grado de educación que tenga el autor de cada testimonio.