26 de diciembre de 2015

Aldeavieja: siglo XIX. 4.

          Por estos años es muy corriente que las plagas “bíblicas” se abatan sobre los campos de Castilla, aparte de la “pertinaz sequía” que cíclicamente se presenta, la langosta es otro de los enemigos que parece como si nunca fueran a desaparecer; dos noticias aparecidas en diferentes periódicos dan cuenta de su aparición:      
          La Esperanza, con fecha 15 de junio de 1864, dice lo siguiente:
Se ha presentado la langosta en las dehesas de los pueblos de Blasco-Millán, Gallegos de Sobrinos, San Miguel de Serreruela, Cabezas del Villar, Urraca y Aldeavieja, provincia de Ávila.
          En 1882, el  2 de julio, es el Diario de Córdoba, el que da la noticia:
La langosta se desarrolla de una manera funesta en Ávila. A los pueblos de Urraca, Mediana, Bernuy y otros varios, anteriormente invadidos, tenemos que agregar hoy el de Aldeavieja, en cuyo término y dehesa de La Lancha, propiedad del propietario y concejal D. Emeterio Martínez de Tejada,  hace terribles estragos.



          Estamos, en estos momentos, en un repunte de la riqueza del lugar; parece ser que la paz, la mejora de las condiciones de vida (en estos años se está acabando la carretera de Ávila a Segovia, dando una mayor comunicación entre los pueblos y por lo tanto facilitando el comercio y el progreso); este repunte ocasiona el aumento de la población; según la “Historia de Ávila” de Juan Martín Carramolino, de 1872, Aldeavieja tiene 763 habitantes, 429 hombres y 334 mujeres; de los varones, 258 están solteros, 147 casados y 24 viudos; entre las mujeres, las solteras son 164, las casadas 142 y las viudas 28. ¿Más hombres que mujeres?, sí, lo normal es, en esta época, que muchas de ellas marchen a las ciudades para el servicio doméstico, abandonando el pueblo y “obligando” a la población masculina a buscar pareja en los pueblos limítrofes: Blascoeles, Ojos Albos, Villacastín o Maello.
          En la “Guía del antiguo reino de Castilla, provincias de Burgos, Santander, Logroño, Soria, Ávila y Segovia: viaje geográfico, artístico y pintoresco”, publicada en 1886 por Emilio Valverde y Alvarez, se hace una relación de la carretera regional de Ávila a Villacastín, que ya está terminada, con una pequeña descripción de los pueblos por los que atraviesa, veámosla:
          Nace esta carretera en Ávila. Déjase a la izquierda la estación del ferrocarril, se cruza la línea, y por terreno muy accidentado y ondulado se llega a los seis kilómetros a Vicolozano, lugar con 294 habitantes y 105 viviendas, situado a la izquierda, en la falda de un pequeño cerro, con los barrios de Brieba y Encinas, e iglesia parroquial aneja de la de Bernuy-Salmero.
          Desde Vicolozano se sigue la orilla izquierda del arroyo San Juanigo y se asciende luego para cruzar la pequeña divisoria entre el Voltoya y el Adaja, que se salva a los cuatro kilómetros, descendiendo después, pasando por un pontón el arroyo Berrocalejo, dejando a la izquierda el lugar de Berrocalejo de Aragona, dos kilómetros después, a la derecha el de Mediana, pasando por otro puente de tres arcos el Voltoya, salvando el límite de las provincias de Segovia y Ávila, más tarde, el río Cárcobas, por un pontón, y llegando por la Paramera de Ávila a los 23 kilómetros a Aldea Vieja, lugar con 763 habitantes y 250 viviendas, situado en llano y en la ladera de un cerro, cerca de la sierra de Campo Azálvaro, con cinco calles, una plaza, casa municipal, escuela, iglesia parroquial, dos ermitas y el célebre santuario de Nuestra Señora del Cubillo. Riegan su término los arroyos Tijera y Cardeñosa, y en su industria figuran una tenería de curtidos y telares de estameñas ordinarias.
          Con iguales accidentes, y por las estribaciones de la sierra de Guadarrama, se llega a los 30 kilómetros a Villacastín, lugar ya descrito.




          En 1897, el 13 noviembre, el semanario El Amigo del Pueblo, de Segovia, da cuenta de la consagración de dos nuevas campanas para la iglesia de San Sebastián: El día 4 y ante un numerosísimo concurso, tuvo lugar en Aldeavieja el acto de consagración de las dos bonitas campanas que recientemente fundió en esta Ciudad el acreditado industrial D. Paulino Linares. En representación del Sr. Obispo hizo la consagración el Sr. Arcipreste D. Rufino Sáez Cura párroco de Bercial; y las campanas han sido dedicadas, la una a los Sagrados Corazones de Jesús y María, la otra a San José.

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