25 de septiembre de 2026

Colás y Victoria

 Este verano hemos tenido la desgracia de decir adiós a dos de nuestros convecinos más queridos; además se da la circunstancia de que eran hermanos; ya os habréis dado cuenta de que se trata de Colás (Nicolás) y de Victoria, con la diferencia de casi un mes los dos nos han dejado y los dos de una manera inesperada, rápida y, como fue su vida, sin molestar.


Venían de una familia de albañiles, la única que, durante mucho tiempo, existió en el pueblo; su padre, Isaías Moreno del Rey, era hermano de aquella saga en la que reinaba el gran Demetrio y, junto a él, sus hermanos Siro, Segundo, Marcelino, María, Teodomira y Eugenio; Isaías se había casado con Luisa Gómez Vaillo (de Ituero) y, además de Colás y Victoria, tuvieron otros tres hijos: Clemente, Julián y Cecilia.

¿Quién no ha tenido en su casa a Colás arreglándole el tejado, o levantando una nueva pared, o retejando?


¿Quién no le ha visto, alguna vez, subido al tejado, con su inseparable boina y su cigarrillo en la boca, siempre con una sonrisa? Nadie como él conocía las casas del pueblo, cómo estaban construídas, por dónde podían fallar y qué había que hacer para arreglarlas o modernizarlas.

¿Y de Victoria, qué vamos a contar? sus sobrinos fueron para ella como los hijos que no tuvo; siempre echando una mano, siempre vigilante, siempre con amor y con cariño? ¿Recordáis sus rosquillas, esas rosquillas que nunca faltaron en casa de ningún sobrino?


Mi primer recuerdo de ella es de mi infancia en Segovia, cuando vivíamos aún allí, y tengo una foto en la que se la ve cuidando de mis hermanos y de mí, en las cuestas del Pinarillo. ¡Quién me iba a decir que, un día, yo también me convertiría en su sobrino!

¡Cómo no vamos a sentir su ausencia! Menos mal que nos quedan su memoria, sus palabras, y las fotos en las que se la ve siempre tranquila, un paso atrás, pero siempre vigilante.

Como decían los romanos a sus muertos: ¡Que la tierra os sea leve!

No hay comentarios:

Publicar un comentario