18 de septiembre de 2023

Las fiestas del Cristo.

 


Se celebró, estos días pasados, la fiesta del Cristo, el otro gran día entre las celebraciones religiosas de Aldeavieja; para rememorar esto os traigo hoy dos artículos periodísticos aparecidos en “El Diario de Ávila”; el primero de ellos data del 30 de septiembre de 1953 y lo firma “un vecino”, que bien pudiera ser el párroco del pueblo en esos años: don Justino Gozalo Carretero, que fue uno de los creadores de la actual Hermandad del Santísimo Cristo de la Serenidad; en él se nos relata cómo eran los festejos en esa época, haciendo hincapié, sobre todo, en el lado religioso.

El segundo artículo está redactado, en septiembre de 1987, por el entonces párroco don Fabián Crisóstomo; éste, más literario, rememora los tiempos históricos en que se creó la primera Hermandad del Cristo, allá por el siglo XVII y se detiene en mostrar las diferencias entre aquellas celebraciones y las actuales.

Vuestro papel, una vez pasada la fiesta, es comparar; ver qué y cómo se hacen las cosas ahora y como las hicieron vuestros padres y abuelos y, sobre todo, disfrutar de ellas que, como bien decía don Fabián al acabar su artículo: “Es un día más para salir de la monotonía diaria.”.

He aquí el texto del primero:

Nuestro virtuoso sacerdote, don Justino Gozalo Carretero, ha trabajado incansablemente hasta conseguir la constitución de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Serenidad; integrada por los jóvenes de buena fe de esta localidad, que ha constituido un gran ejemplo, pues todos o casi todos los jóvenes se han asociado a esta Cofradía.

Así, profundamente emocionados de alegría, les hemos visto el día de su fiesta principal en que todos los mozos de la Cofradía, en número de 46, acudían muy de mañana a la iglesia parroquial para acercarse a recibir a Jesús Sacramentado; viéndolos después a las 10 de la mañana cómo a los acordes de una marcha interpretada por la orquesta, y en franca armonía y rebosantes de alegría, se iban reuniendo para acompañar a la Santa Misa, todos ellos con sus mejores trajes y portadores de un hermoso crucifijo sobre el pecho que pendía de un cordón de seda morada.

Después, con todo orden y humildad, se dirigen hacia la iglesia encabezando la comitiva los jóvenes y simpáticos mayordomos Mariano del Villar Vázquez y Francisco Vázquez Ortega, ambos portadores de los cetros de la Cofradía del Santísimo Cristo.

Abría marcha, tocando alegre pasacalles, la orquesta de Villacastín entre el tronar de cohetes que se difuminaban en el espacio; dirigiéndose la comitiva, primeramente, a la casa rectoral para recoger al señor cura y, seguidamente, a la iglesia donde, después de imponer solemnemente el cordón y Crucifijo a los nuevos cofrades, se celebró una solemne misa amenizada de armonio y cantada por las jóvenes de la Asociación de Hijas de María de esta localidad, terminada la cual y al salir del templo los mayordomos y cofrades fueron recibidos por una salva de aplausos y felicitaciones por parte del público que esperaba la salida a la puerta de la iglesia.

Por la tarde se celebró el santo Rosario seguido de triduo, organizando la procesión con la imagen del Santísimo Cristo de la Serenidad sobre andas portadas por los jóvenes cofrades que se disputaban por llevar un rato sobre sus hombros los banzos de la sagrada imagen del Cristo en la Cruz.

Estos simpáticos jóvenes dieron un digno ejemplo en todos sus actos que han sido brillantes y dignos de elogio, y sobre todo, con el orden y la correcta formación que demostraron en la solemne procesión de por la tarde, bailando con todo orden llenos de emoción, ante la imagen en señal de alabanza a Nuestro Divino Redentor.



Y, ahora, el del segundo:

Terminadas las fiestas de Nuestra Señora del Cubillo, se celebró el día 13 la del Santísimo Cristo de la Serenidad. Antiguamente existió una Hermandad con el mismo nombre y que se llamaba también Esclavitud del Santísimo Cristo de San Cristóbal por el hecho de estar la imagen en la ermita de San Cristóbal, que fue la primera iglesia parroquial del pueblo durante más de doscientos años. En los siglos XVII y XVIII tuvo mucha importancia la Hermandad, celebrándose su fiesta con gran solemnidad. La víspera del día 14 de septiembre se trasladaba la imagen del Santísimo Cristo desde San Cristóbal al templo parroquial de San Sebastián en donde solía estar varios días en un altar, que hacían cada año los hermanos esclavos. Ante el Santísimo Cristo se cantaba un miserere todas las tardes de su permanencia en la iglesia parroquial y durante el canto los hermanos sostenían en sus manos velas encendidas.

El día de la fiesta se confesaban y comulgaban todos los miembros de la esclavitud, según las normas establecidas en sus ordenanzas. No faltaban los refrescos, música, cohetes…

Ahora la fiesta dura un solo día. Hay misa solemne por la mañana y, por la tarde, se hace procesión por las calles del pueblo, con la hermosa imagen del Santísimo Cristo. Hacia la mitad del recorrido se hace un alto y el pueblo entero pasa a besar un crucifijo, que ofrece el cura párroco, y a la vez, todos los asistentes ofrecen limosna, que servirá para ayudar a los gastos realizados por los cofrades. Este hecho es reminiscencia de la costumbre antigua. Lo mismo se hacía en el siglo XVII.

Los mayordomos de turno invitan en sus casas a refrescos a las personas que lo desean. La fiesta es animada con música, cohetes y baile. Es un día más para salir de la monotonía diaria.

Yo, personalmente, una de las cosas que más echo de menos eran aquellos bollos de hojaldre o de manteca que se hacían en grandes cantidades en las dos panaderías del pueblo acompañados por el vasito de aguardiente o de aquel vino recio que se traía de Cebreros.

10 de septiembre de 2023

Las fiestas del Cubillo en 1900.

 

Ya que tenemos recientes las fiestas de la patrona de Aldeavieja, La Virgen del Cubillo, os acompaño los versos que uno de los redactores, llamado Francisco Delgado, de “El Diario de Ávila” realizó para una de las secciones del citado periódico, “Guiso del País”, al finalizar el siglo XIX, que aparecieron en septiembre de 1900, hace ya ciento veintitrés.

(La romería del Cubillo en 1900)

En ellos nos cuenta cómo eran los festejos de la romería en aquellas ya muy lejanas fechas.

 

Con motivo de tener

que vivir en Aldeavieja,

por lo menos mientras duran

los festejos y las fiestas;

he decidido lectores

sepultar en la maleta

tintero, pluma y papel

y llevarlo con la idea

de escribir guiso diario

y que todo el mundo sepa,

cómo en un pueblo pequeño

también se gasta gran juerga.

Además de las funciones

religiosas en la iglesia,

habrá fuegos de artificio

y novillos y verbenas

y hasta corrida de gallos

y el sábado, si se tercia,

irá al Cubillo más gente

de la que ustedes se piensan.

Y me marcho y me despido

deseando que a mi vuelta

todos estén con salud

y tengan muchas pesetas,

cosas ambas de rigor

y necesarias de veras,

para pasar por el mundo,

para vivir en la tierra,

sin sufrimientos, angustias,

ni dolores, ni miserias.

*

El sábado ocho

estuve al Cubillo

y paséme el día

en tan lindo sitio,

comiendo y bebiendo

con varios amigos.

La fiesta es soberbia

y allí los vecinos,

de las cercanías

y otros varios sitios,

bailando y cantando

pasan el camino;

sin notar cansancio

por tanto bullicio.

-

Por la noche en Aldeavieja

hubo fuegos de artificio,

y la gente ¡claro está!

se divirtió de lo lindo.

Las ruedas fueron preciosas

los cohetes preciosísimos,

y hubo unas tracas de esas

que producen humo y ruido.

-

En los días de las fiestas

todo se vuelve bailar,

en la velada, en las casas

en donde quiera que está

uno, ya mueve los brazos

y las piernas al compás.

-

Simón, gran tamborilero,

y su digno compañero,

el de la gaita, tocaron

con muchísimo salero,

y a todo el mundo agradaron,

de tal forma que al marchar

camino del Espinar,

el tambor y la gaitilla,

nos pusimos a llorar

como llora una chiquilla;

y mirándonos así

con tanta tribulación

consideramos que allí,

hace mucha falta un mi

o un sol dado por Simón.

-

La corrida de toros celebrada

por los mozos solteros,

trascurrió sin cogidas, ni accidentes

de esos que tienen mérito.

Pero en la que nos dieron los casados

lidiaron un becerro,

que tenía más conchas que un galápago

y que dio sustos buenos

-

Al salir el animal

se halló con un concejal,

y sin respeto, ni nada,

le arrimó una costalada

superior, piramidal.

El bicho le empitonó

y media vuelta le dio,

tan cerca de la barrera,

que gracias que no chocó

que si choca bona sera.

El concejal levantóse

sin la más leve lesión,

pero eso sí, pronto hallóse

con un rasguño feroce

por detrás del pantalón.

El toro siguió corriendo

por la plaza de tal modo,

que a todos iba cogiendo

y le picaron y todo

como si fuera un berrendo.

Le pusieron banderillas

a pie, más también en sillas

e iban a matarle, pero

sin asomar las mulillas

le mandaron al chiquero.

-

A lomos de un mal rocín

o en las ancas de un jumento,

me marché a Villacastín

a donde llegué por fin

magullado y macilento.

Gracias que comí muy bien,

y a que dormí de chipén

pude en el mismo pollino

volver a Aldeavieja, en

donde seguí mi camino,

y donde tras de dos horas

de sueño reparador,

llegué aquí, bellas lectoras,

un humilde servidor

que ha comido zarzamoras.

………………………………

¡que consonante! ¡da horror!

 

No se esforzaba mucho nuestro poético periodista pero… son de agradecer esos ripios inocentes, llenos de naturalidad y… ¿por qué no? cargados de gracia.

1 de septiembre de 2023

"El Fantasma" de Aldeavieja.

           Hace más de cincuenta años, en los comienzos de la década de los setenta, se habló mucho en el pueblo de la aparición de un fantasma; un fantasma que se dejaba ver por las noches y que nunca se descubrió su procedencia; incluso se habló de una fantasma, pues no estaba muy claro el sexo de la aparición. En fin, la historia llegó a la capital, a Ávila, y desde la redacción de "El Diario de Ávila", se envió a un periodista para que averiguase de qué iba aquello de "el fantasma"; García Zurdo, que así se llamaba el periodista, realizó su investigación y la misma apareció el 16 de marzo de 1970 en el citado periódico; en portada aparecía el siguiente titular:

Aldeavieja, un pueblo que vive bajo la inquietud del “fantasma”

Desde el atardecer nadie sale a la calle sin compañía.



          Y, en páginas interiores, el siguiente texto:

          Nadie podía creer que en el siglo veinte los “fantasmas” fueran una cosa seria, salvo en los castillos ingleses. Pero como el asunto tenía caracteres de inquietud popular y además el tiempo era propicio para los aquelarres porque nevaba a modo, me presenté en Aldeavieja sobre las siete y media del sábado. En el bar de la carretera que, generalmente a esa hora está concurrido, no había nadie. Una muchacha de unos quince años, con más miedo que frío, me explicó que desde hacía quince días, en cuanto anochece, nadie sale a la calle. “Un fantasma” -explicó- se apareció hace dos domingos al pastor Lorenzo del Rey que a las dos de la mañana salía a ver la paridera de las ovejas. Iba vestido de blanco. Le preguntó a dónde iba y el de blanco le dijo que a donde le daba la gana”, como es lógico en un “fantasma” que se precie. El caso hubiera quedado en cuento pastoril, si el jueves siguiente no hubiera vuelto a sorprender a Justo Pastrana, de Torrelodones que, de madrugada, marchaba desde Aldeavieja a la pensión, después de ver a la novia. Justo fue menos tranquilo que el pastor y tan pronto como divisó al de la sábana blanca tomó las de Villadiego tardando en hacer el recorrido que normalmente se cubre en diez minutos, en poco más de minuto y medio. En la pensión contó la misma historia del pastor.

          He recorrido los bares del pueblo, que tiene poca luz y muchos barros, y las gentes están preocupadas. El recuerdo del pinarillo y la alambrada que hay junto a la iglesia, en el camino hasta la carretera general Madrid-Salamanca pone a las sencillas gentes la carne de gallina. “Por si fuera poco -dice una mujercita- en esos días televisión española en Salas del Sábado sacó un castillo con fantasmas. ¡Lo acabaron de arreglar!”

          Hay desasosiego y miradas inquisitivas. Cuando cruzo una calle desierta en medio de la ventisca, al oir el ruido del coche han apagado la luz y se han descorrido unos visillos. En una ventana hay un cántaro de leche esperando la madrugada. Los niños no salen a la calle desde las siete. Los mayores tampoco salen solos.

          Cuando oí que había robo de ganados me imaginé que el “fantasma” era un truco, pero me aclararon que el robo de once chotos ha sido en Villacastín y que iban en un camión robado que tenía lo menos cinco matrículas. “Lo del fantasma es otra cosa” -me aseguran-. Y para darse tranquilidad dicen que el sábado estuvo en el lugar la Guardia Civil. Eso quiere decir que ya el pueblo está recobrando la calma. Y también el fantasma, porque no se le ha vuelto a ver. Pero los ciento sesenta y tantos vecinos hacen cábalas al amor de la lumbre con el significado de esta visita nocturna. Hay quien asegura que es un sonámbulo. Otros creen que es un loco. La única verdad es que hay desasosiego. Cuando voy a dejar el pueblo una muchacha que está en la puerta del bar-comercio “Hijos de Pablo” se  mete con urgencia en el establecimiento con el mismo susto que un perro que atraviesa la calle. No sé hasta qué punto el “fantasma” cumplirá su programa de caminatas a la luz de la luna, pero no cabe duda de que el suceso ha trascendido a los pueblos vecinos y el hecho se comenta con emoción y credulidad.

          -“Usted se lo toma a broma” -dice un señor con aspecto de vaquero-: “Yo también conozco muchos fantasmas de pantalón y chaqueta. Pero esto es otra cosa”.

          -“Sí -le respondo- a lo mejor es que quiere ponerse a nivel europeo”.


3 de agosto de 2023

Aldeavieja: los bancos de piedra.

 

Hoy vamos a ocuparnos de esos asientos de piedra que están delante de la iglesia, a ambos lados de la cruz, frente a la puerta de la misma. En una de las hileras hay ocho asientos y en la otra quedan seis. Se nota en ellos el paso del tiempo, el desgaste del granito, también que los asientos no se corresponden con los respaldos; estos están bien labrados, redondeados, mientras que los otros se ve que se han contentado con colocar unas piedras que viniesen bien con la altura o la anchura, sin igualarlos ni desbastarlos demasiado. Comprobaréis que los respaldos tienen, en la parte de los asientos, un resalte horizontal, como señalando la altura a la que debían colocarse los asientos, y que los actuales están, todos, por debajo de esa marca.

 ¿Cómo eran los asientos originales?, lo más seguro es que fuesen de piedra, tallada y alisada y que, en algún momento de la historia, se aprovecharan para convertirlos en alguno de los hermosos bancos de piedra que adornaban las puertas de las casas de la plaza o cualquiera de sus calles.

Como sabréis, alrededor de la iglesia estuvo, durante más de doscientos años, el cementerio, a él pertenecían la cruz y estos bancos; ¿cuál era su función?, pues la más evidente, servían para que la familia del difunto recibiese, sentada, los pésames y condolencias de los familiares y de los vecinos; cuando el cementerio se trasladó al lugar que hoy ocupa se dejaron allí, donde siempre estuvieron, como ornato y para esperar, más descansados, el comienzo de las liturgias.

Pero no era ese, tampoco, su origen; en principio estuvieron en la primitiva parroquia del pueblo, en la hoy ermita de San Cristóbal, y para la misma función que, al principio, tuvieron en la iglesia de San Sebastián; también allí el cementerio rodeaba la ermita y también, en ella, los deudos de los fallecidos necesitaban reposo durante los largos y pesados momentos de recibir el consuelo y el cariño de los allegados; estaban colocados a ambos lados de la puerta sur de la ermita, de cara a la sierra y al pueblo y allí, además, servían, en los días de sol del invierno, para que los vecinos se calentaran al resguardo de las paredes del templo.

Cuando se edificó la nueva parroquia, todos sabéis que se desmanteló parte de la antigua y, como dicen los entendidos, las lápidas de las tumbas pasaron a convertirse en suelo de la reciente iglesia, las maderas de la tribuna del coro sirvieron para construir la de San Sebastián y los bancos de piedra… los bancos de piedra pasaron a cumplir la misma función en el nuevo cementerio.

¿Por qué en una fila hay ocho y en la otra seis? Cuentan que, al trasladar las piedras, en varios carros, de un lugar a otro, uno de los carros rompió una de sus ruedas, debido al peso excesivo de la carga y a la vejez de la madera, los bancos cayeron, con tan mala fortuna que varios de los respaldos se quebraron por varios sitios, haciéndose inservibles; para paliar la desgracia, al volverlos a montar donde hoy están, dejaron las filas desiguales, más pequeña la que está cercana a la torre; veréis que hay medio respaldo en ella, pues se quiso poner uno de los rotos, pegado con cemento, pero el remedio no sirvió y quedó como hoy aparece: un respaldo roto; después añadieron unas piedras para cubrir el hueco dejado por las que faltaban, sin hacer nuevos respaldos.

¿Qué fecha ponemos en su fabricación?, es difícil, pero no sería muy aventurado datarlas en los siglos XIII ó XIV, allá por 1200 ó 1300.; tendrían, pues, setecientos u ochocientos años de nada.