Cuando vamos al santuario de la Virgen del Cubillo, muchas veces subimos al segundo piso de la hospedería a ver el “cuarto de las ofrendas”; ya sabéis, el cuarto donde se han ido colocando los “exvotos” o las “mandas” de todos aquellos fieles que han querido dejar un objeto como señal de agradecimiento por algún favor pedido y recibido de la Virgen.
Recuerdo, cuando era pequeño, que estos “exvotos” colgaban de las paredes de la iglesia y de la misma hospedería, en aquella época se llevaba mucho el traer cabezas, manos, pies, brazos y piernas de cera, representando la parte del cuerpo que había sanado después de una enfermedad o accidente, costumbre que ya ha caído, creo que por fortuna; daba un poco de miedo ver aquellos trozos de cuerpo que te observaban desde lo alto de las paredes mezclados con trajes de primera comunión, vendas, muletas, trenzas de pelo, escayolas…
Después se habilitó una de las
habitaciones del piso alto, y allí se fueron colocando todas aquellas ofrendas;
de siempre han permanecido dos: recordaréis esas dos vitrinas que representan
una un naufragio en un lago o río alborotado y otra con un carro o carricoche
accidentado; hechas con telas y figuras pintadas de cera, al estilo italiano, y
que seguramente fueron realizadas en el siglo XVIII.
¿No os habéis preguntado nunca qué se
hace cuando ya no caben más, o cuando se rompen o estropean?; yo sí y repasando
la prensa histórica he satisfecho mi curiosidad con respecto a uno de los
objetos más comunes: los trajes de novia.
Ya en 1974, un artículo sobre el
santuario, aparecido en el “Diario de Ávila”, decía: “En el camarín de la Virgen hemos visto numerosos exvotos, entre los que
destacan más de medio centenar de trajes de novia, costumbre tradicional que se
denomina “manda” y que hacen muchas novias después de su boda”.
Pues bien, a finales del siglo pasado, en el año 2000, los trajes pasaban del centenar y el párroco de Aldeavieja, don Fabián, de acuerdo con las Obras Misionales Pontificias de Ávila, remitieron al Perú, 125 trajes de novia, distribuidos por diferentes localidades para entregar a aquellas muchachas que por falta de medios económicos no podían costearse el ir a su boda vestidas de blanco.
Me imagino que con otros varios
objetos, como muletas, calzados, etc…, pasados unos años prudenciales, se habrá
hecho algo parecido.



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