22 de agosto de 2017

El Batán.

          Creo que todos conoceréis el sitio llamado El Batán, en el camino que va hacia El Soto, a la derecha, antes de pasar el arroyo Tijera; el nombre, igual al del populoso barrio de Madrid, se debe a una de las pocas industrias que se instalaron, en siglos pasados, en Aldeavieja: las de manufacturas de estameñas o tenerías.


          Las tenerías eran un taller, construido poco más o menos como una gran cuadra (y con el mismo aspecto exterior) en el que se curtían y trabajaban las pieles; dentro de ellas o a su lado, se encontraban los batanes que consistían en unos artefactos (construidos enteramente de madera) que servían para golpear, desengrasar y tupir tejidos de lana que salían muy sueltos de los telares; trabajaban con agua, que se utilizaba para mover el mecanismo con el mismo procedimiento que una noria en la que, a través de un eje, movía unos grandes mazos de madera que golpeaban los tejidos hasta conseguir la textura deseada.
          Por lo tanto, los batanes se montaban cerca de corrientes de agua, en este caso el citado arroyo Tijera.
          Según el Catastro nacional elaborado por el marqués de la Ensenada en 1752, en Aldeavieja existían tres tenerías:
          17. Si hay algunas Minas, Salinas, Molinos Harineros, u de Papel, Batanes, u otros Artefactos en el Término, distinguiendo de que Metales, y de que uso, explicando sus Dueños, y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año.
17ª. A la decimoséptima que hay tres Tenerías, una propia de Juan Fernández Zazo, que le produce respecto de lo que curte ochocientos reales, una y media de Isabel Gordo a la que produce cuatrocientos noventa y nueve reales, otra media de Jerónimo Gordo a quien le corresponden por la misma razón noventa reales.
          Como vemos por sus ganancias las tres tenerías eran bastante diferentes, como lo serían tanto de tamaño como de empleados utilizados; debían de estar instaladas todas en el mismo paraje, por ser el más cercano al pueblo con una corriente de agua capaz de mover los instrumentos necesarios para la fabricación de las estameñas.
          La estameña era una tela de lana sencilla y ordinaria que se utilizaba tanto para los vestidos y trajes de diario como para mantas, sacos, cortinas y otras utilidades.
          En lo relativo a los trabajadores que se empleaban en los trabajos de las tenerías, el Catastro citado señala en el siguiente punto:
          33. Qué ocupaciones de Artes mecánicos hay en el Pueblo, con distinción, como Albañiles, Canteros, Albéitares, Herreros, Sogueros, Zapateros, Sastres, Perayres, Tejedores, Sombrereros, Manguiteros, y Guanteros, etc. Explicando en cada Oficio de los que huviere el número que haya de Maestros, Oficiales, y Aprendices; y qué utilidad le puede resultar, trabajando meramente de su Oficio, al día a cada uno.
33ª. A la treinta y tres, que hay dos herreros, tres curtidores, tres zurradores, a quienes tocaban de jornal diario cuatro reales cada uno; treinta tejedores de estameñas y sesenta y tres peinadores a dos, con un oficial de aquellos a dos; un tejedor de lienzos a dos y medio; asimismo diez zapateros a cinco; dos herradores y tres sastres a cuatro y medio; dos albañiles a cinco y medio y un oficial de estos a tres y medio.
          Comprobamos que, de los oficios que se indican, 102 corresponden a trabajadores ocupados en labores realizadas en las tenerías y teniendo en cuenta que la población que se da en el Catastro es de 338 vecinos (que equivalen a unos 1087 habitantes), nos encontramos con que casi una tercera parte de los habitantes del pueblo dependen de lo que se gana y se trabaja en ellas.
          De estos 102 trabajadores 3 son curtidores, otros 3 zurradores (que son los que se ocupan de los batanes) 30 tejedores de estameña, 63 peinadores (de la lana) 2 oficiales que se ocupan de enseñar y controlar al resto y un tejedor (que es el que más cobra al ser, el suyo, un trabajo más especializado).
          Para 1848, casi cien años más tarde, Pascual Madoz, en su “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones en Ultramar”, nos señala que sólo queda “una tenería de curtidos y algunos telares de estameñas ordinarias”; pequeña muestra de una industria que encontró en nuestro pueblo un lugar donde desarrollarse durante toda la Edad Media y hasta el siglo XVIII; según un estudio de José Damián González Arce (de la Universidad de Murcia) durante los siglos XV y XVI, Aldeavieja (formando parte entonces de la provincia de Segovia) era uno de los pocos lugares, junto a la capital, Villacastín, Navas de Zarzuela (Navas de San Antonio) Real de Manzanares, Manzanares, La Cercedilla, Los Molinos, Guadarrama, Galapagar, Valdemorillo y Robledo de Chavela) en donde se tejían paños secenos y veinticuatrenos (aquellos cuya urdimbre tenía 16 ó 24 centenares de hilos) y añade el autor: “Las localidades donde se practicaron las labores iniciales de la pañería segoviana (las referidas anteriormente) reunieron buena parte de las condiciones para convertirse en zonas protoindustriales. En su mayoría estaban situadas en tierras montañosas, donde la pobre agricultura hubo de combinarse con actividades pastoriles, de ganadería estante, e industriales complementarias. Además, abundaba la materia prima, pues la lana no provenía solamente de los rebaños locales, sino en mayor medida de los trashumantes, que transitaban por tres de las principales cañadas reales de la Mesta, a ambos lados del Sistema Central, las cuales servían de conexión entre los núcleos productores. Y, por último, contaban con un mercado urbano cercano, la ciudad de Segovia, donde los paños de menor calidad o semielaborados eran llevados a vender o a terminar”.

          Nada queda de aquella riqueza que hubo en nuestro pueblo, quedando sólo su recuerdo en el nombre del sitio donde, hace ya demasiados años, comenzó una interesante aventura dentro de una incipiente industria: la de los paños.

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