18 de septiembre de 2021

A Aldeavieja en diligencia.

 

          Estamos en 1882, en nuestro país asistimos a los últimos años del reinado de Alfonso XII; España está empezando, una vez más, a modernizarse, intentando colocarse a la par que los otros países europeos; va a ser difícil, todos sabemos que esa carrera va a durar más de cien años, pero en ese momento no se ve así; hay un ambiente de optimismo, el comercio con Europa va viento en popa, señalar que Francia nos compraba toda la producción de vino que se realizaba, creando las grandes fortunas de los Osborne, Domecq, etc…; en Bilbao se levantan las primeros grandes fundiciones que darán lugar a los Altos Hornos de Vizcaya, en fin, parece que queremos despertarnos una vez más y, dentro de ese marco, están las comunicaciones, el transporte, tanto de mercancías como de personas y ahí aparece nuestro pueblo una vez más.



          Como se aprecia en el mapa que aparece arriba, las comunicaciones entre las capitales más próximas: Segovia y Ávila, ambas importantes para la vida de nuestros antepasados, pues de ambas dependía (en el pasado y en el presente) la administración de Aldeavieja, no seguían los mismos pasos que ahora; la carretera N.110 no existía y para ir a Segovia había que realizar un extraño rodeo que nos llevaba, desde Villacastín, a El Espinar, San Rafael, Ontoria, etc. En el periódico “La Tempestad”, de Segovia, apareció, el 5 de noviembre de 1882, este anuncio:



 

SERVICIO DE DILIGENCIAS

DE SEGOVIA  A ÁVILA Y VICE-VERSA

Esta empresa, deseando evitar a los señores viajeros las molestias que sufren en las estaciones con motivo del retraso de los coches, dispondrá, desde el día 8 del actual, un servicio alternado de diligencias, que, partiendo de esta ciudad y pasando por Venta del Espinar, Navas de San Antonio, Villacastín y Aldeavieja, puedan llegar a Ávila a las nueve horas de su salida de Segovia.

PRECIOS

DE SEGOVIA A ONTORIA                                                  4 Reales

                              RIOFRÍO                                         6

                              SANTA LUCÍA                              8

                              OTERO DE HERREROS              12

                              CASA DE PRAOS                        16

                              VENTA DEL ESPINAR               20

                              NAVAS DE SAN ANTONIO       26

                              VILLACASTÍN                            28

                               ALDEAVIEJA                             30

                              MEDIANA                                    34

                              ÁVILA                                          40

HORAS DE SALIDA: De Segovia, a las siete de la mañana.

                     De Ávila, a la misma hora.

ADMINISTRACIONES: En Segovia, plaza Mayor, 37.

                                                 En Ávila, Parador de San Antonio.

Segovia, 4 de Noviembre de 1882. JOSÉ BENIGNO Y COMPAÑÍA.




¿Os imagináis, hoy en día, que se tardara de Segovia a Aldeavieja la friolera de siete u ocho horas?

11 de septiembre de 2021

Personajes de la historia de Aldeavieja: Gregorio Perlado Sacristán

 

Hoy os voy a contar la historia de uno de los hombres que, en su momento, más hizo por el adelanto de Aldeavieja y que consiguió, gracias a sus artículos, poner el nombre del pueblo en el lugar que le correspondía en su época; la mayoría de vosotros no le conoceréis, ni habréis oído hablar de él, pero no importa, eso pasa con muchos grandes hombres que son o han sido; me es un personaje muy querido pues, además de las cosas que hizo en su no demasiado larga vida, fue, también, mi bisabuelo, se trata de Gregorio Perlado Sacristán, y os lo intentaré mostrar en las siguientes líneas.

Gregorio nació en Segovia el 12 de marzo de 1856, en la calle Cabritería (una callejuela corta y estrecha a espaldas de la Plaza Mayor), su padre, Patricio Perlado Tarragato, regentaba una abacería (algo parecido a lo que hoy sería una pequeña tienda de comestibles, vamos lo más cercano a un “chino” que existía entonces; lo mismo despachaba un kilo de garbanzos, que un litro de aceite o unos arenques ahumados o te refrescabas con un vaso de tinto); tendrá tres hermanos que le sobrevivirán: Atanasio, dos años menor, Victoriana, diez y Mariano trece.

A los 16 años acaba sus estudios de bachiller y marcha a Madrid, a la Universidad Central para estudiar la carrera de Farmacia; como no anda muy sobrado de dinero, se ayuda ejerciendo el oficio de practicante en la Beneficencia madrileña, mientras que, cuando regresa a Segovia por vacaciones, ejerce de secretario en el Ateneo Escolar del Instituto Provincial; como vemos es un muchacho trabajador y que le gusta estar ocupado, curioso de todas las cosas, todo le gusta, todo lo estudia y de todo entiende un poco, esto le servirá de mucho en los años venideros.

En 1880, a los veinticuatro años, el 30 de junio, se gradúa como farmacéutico y comienza la búsqueda de un lugar para trabajar, mientras tanto ha conocido a una muchacha de la buena sociedad segoviana, hija de uno de los concejales del Ayuntamiento y que, con el tiempo, llegará a teniente-alcalde: Manuel Frege; la joven, Adelaida, es cuatro años mayor que él, lo cual no impide que intimen y se complementen a la perfección; cinco años más tarde, Gregorio ocupa la vacante que se ha producido en la farmacia de Aldeavieja y allí se marcha con la que ahora ya es su mujer, pues ese mismo año, al encontrar por fin un lugar a su gusto, la ha pedido en matrimonio y lo han efectuado en la segoviana iglesia de San Millán.

Los primeros años son de consolidación en el puesto y en el lugar; Gregorio es un hombre abierto y pronto se siente como en casa en compañía de las fuerzas vivas de la localidad: el médico, el cura, el alcalde… su primera vivienda, donde tiene la botica, está situada en la calle Ancha, en el número 2. Su familia pronto se amplía, tres niños: Ciriaco, Vitorina y el pequeño Gregorio, que fallecerá pronto, a los cinco años y medio y también fallecerá su padre, a los 64 años.

Es en 1891 cuando empieza su vida pública, tanto en su profesión como en su faceta como escritor y divulgador. Está suscrito a varias publicaciones profesionales, entre ellas “La Farmacia Moderna” y es en sus páginas en las que publica “Las Igualas en Farmacia” como un paso adelante para defender la profesión que malvive en las zonas rurales, siempre en peligro por el intrusismo o la mala praxis de colegas que “pescan en río revuelto”; asimismo, como segoviano que lleva a su ciudad en la sangre, escribe un “Almanaque y Efemérides Segovianas para 1896”, que dona al Ayuntamiento de la ciudad y que, ante el poco caso que hacen de ella, publicará por entregas en las páginas del “Diario de Avisos de Segovia”, primer periódico de la ciudad y antecedente de “El Adelantado”.

Es por estos años en los que se convierte en colaborador del "Diario Médico Farmacéutico" y, también, en redactor de “El Amigo del Pueblo”, semanario que se autodenomina “católico-tradicionalista” y en él, como corresponsal en Aldeavieja, se dedica a relatar las pequeñas cosas que ocurren: colocación de las nuevas campanas en la iglesia parroquial, estado y situación de las cosechas así como su precio en el mercado de Ávila, previsión del tiempo climatológico y, también, una serie de recetas caseras para la elaboración de licores con diferentes hierbas de la zona, así como sus utilidades y virtudes.

Hemos de hacer constar que Gregorio es un “hombre de orden”, como se decía entonces; católico y profundamente religioso, practicante y que, aunque ve las cosas desde un prisma conservador, en sus escritos se ve su evolución hacia un liberalismo moderado que le aleja del carlismo primitivo desde el que comienza su andadura.

Así, en 1899, cuando el siglo va tocando a su fin y el país sale de un sueño para verse tal y como es: una potencia de segundo orden que poco cuenta en la política internacional, cuando creía que todavía era un imperio, con sus colonias americanas y asiáticas. La guerra de 1898, contra los Estados Unidos, les quita la venda y les hace preocuparse de cosas más terrenas y más cercanas.

Este año, el convento del Corpus Christi, de Segovia, antigua sinagoga, es víctima de un tremendo incendio, tras el que sólo quedan las paredes desnudas; nuestro hombre, a través de la páginas del “Diario de Avisos” inicia una colecta, entre todos los lectores, para ayudar a su recuperación; en septiembre del mismo año, publica un extenso artículo describiendo la Romería de la Virgen del Cubillo, así como comienza a dar las primeras entregas de una serie describiendo los meses del año, con sus características climatológicas, sus anécdotas, el origen de su nombre, etc…

Termina el siglo y Gregorio continúa y da fin a la serie indicada anteriormente; lanza otro artículo sobre el origen de la festividad del Corpus Christi y relata, con pluma ágil y detallista, la visita pastoral del obispo de Segovia a nuestro pueblo.

Profesionalmente participa en las labores de la Junta de Farmacéuticos de Ávila y en ella da lectura a un escrito/memoria sobre “Las Igualas en Farmacia”, que da mucho que hablar en la profesión y, enseguida, encuentra numerosos seguidores.

Entramos en el nuevo siglo y el corresponsal en Aldeavieja da cuenta de la creación de una “Escuela para Adultos” y poco después nos relata la “Boda de Justo Muñoz García con la señorita Fernanda Gordo Moreno”; más tarde considera la necesidad de crear una sepultura digna para Andrés Laguna, segoviano ilustre y médico de cabecera que fue del emperador Carlos V. Es la época de las exposiciones y, como no, en Segovia también se celebró una; Gregorio que, ante todo, no olvida su procedencia, gana una medalla de plata en ella gracias a una de sus creaciones farmacéuticas: el “ungüento vejigatorio para veterinaria”.

En 1902 aparece en el “Diario de Avisos” una extensa relación sobre los resultados de los exámenes escolares en Aldeavieja.

En 1903, expone un detallado trabajo sobre la necesidad de la creación y puesta en marcha de una línea de coches-correo entre Ávila y Segovia; participando, además, en el Congreso Agrícola Provincial en representación de Aldeavieja.

Así continua los años siguientes, alternando sus escritos profesionales, que le llevan a representar a los farmacéuticos abulenses en la Asamblea Nacional de 1909, como a seguir narrando las curiosidades que acontecen en su pueblo de adopción: la creación de una, malograda, liga anti-tabaco o el impulso que llevó a la población a interesarse por un eclipse solar.

Mientras, su vida continúa, su hijo mayor Ciriaco consigue la Licenciatura de Farmacia y se prepara a seguir los pasos de su padre (será el último boticario oficial de la zona); recibe con alegría el viaje exploratorio que estudia la creación del coche-correo tan anhelado por él y cuando todo le sonríe y parece que todo va a ser tal y como él ha esperado y por lo que ha trabajado, fallece, a los 55 años, un trece de enero, de una hemorragia cerebral en su domicilio de Aldeavieja de la calle Segovia, nº 27.

Su mujer, Adelaida, no le sobrevivió mucho, el ocho de julio del mismo año fallecía y ambos fueron enterrados en el cementerio del pueblo que los acogió y en el que criaron a sus hijos y desarrollaron su vida.

20 de julio de 2021

Aldeavieja: la ermita de San Miguel de Cardeña

    


     Aprovecho que se va a efectuar una excursión colectiva, este próximo fin de semana, a la ermita de San Miguel de Cardeña para hacer una breve incursión a su historia, que espero os parezca más o menos interesante.

     Hablar de San Miguel de Cardeña es hablar de los orígenes de Aldeavieja y de Blascoeles; cuando a principios del siglo XII estas tierras comenzaron a repoblarse, tras la reconquista de Toledo, sus primeros pobladores eligieron un lugar alejado de las principales vías de comunicación y de los grandes centros de población, a fin de pasar desapercibidos, en aquellos primeros (y duros) momentos y poder establecerse sin miedo a ser atacados  por las incursiones musulmanas   o por las bandas de prófugos y desertores que vivían a costa de aquellas primeras comunidades, pequeñas y frágiles.

     Así eligieron un lugar lejos de las antiguas calzadas, cerca de un río y de un bosque, con tierras fértiles y, a ser posible, en alguna hondonada que camuflase sus viviendas y sus ganados; y así, fundaron un primer poblamiento en la margen derecha del río Cardeña, que, aunque pequeño, les serviría tanto para su uso cotidiano, como para regar sus pequeñas huertas o como foso defensivo en caso de ser atacados; lo llamaron San Miguel de Cardeña y, por el nombre, se les supone procedentes de las tierras de Burgos y de las lejanas (entonces) tierras de Asturias y Vasconia.

     El río, por entonces, recibía el nombre de Rioviejas pero, con el tiempo, recogería, y sería conocido, por Cardeña, en recuerdo de las tierras de donde procedían.



     Una de sus primeras preocupaciones fue la de edificar una iglesia de piedra que no sólo les serviría como lugar de culto, sino que, además, sería el único punto fuerte que les serviría de refugio ante cualquier ataque o circunstancia adversa, (hay que tener en cuenta que las viviendas normales fueron, en un principio, simples chozas formadas por un círculo de piedras y techadas por retamas y ramajes con un agujero central para que saliese el humo).



     Y así, edificaron una iglesia de piedra basta, pero maciza, con metro y medio de anchura en los muros, y un ábside en el que intercalaron hileras de ladrillos para darle más fortaleza; lo revocaron por dentro y por fuera; alzaron a los pies una espadaña en la que colocaron una pequeña campana y protegieron la puerta, abierta al sur, con un tejadillo soportado por recias columnas de madera; para hacernos una idea de cómo quedó, sólo hay que mirar la ermita de San Cristóbal, quitarle la torre (que nunca tuvo) colocar la espadaña a los pies y en su entrada el tejadillo soportado (aquí sí) por columnas de piedra labrada; no sé si los más antiguos del pueblo lo recordarán, pero así era.



     Era, pues, de estilo románico, pequeña, quizás no más de diez metros en las paredes laterales, una sola nave y el techo, sostenido por fuertes vigas de madera, a dos aguas.



     Cuando la población de San Miguel creció, sus pobladores ante una época más pacífica y segura, marcharon a crear nuevas poblaciones en lugares más amplios y mejores y, no lejos de allí, fundaron los pueblos de Blascoeles y Aldeavieja; San Miguel quedó como un caserío (algo así como Las Gordillas o El Alamillo) y la iglesia quedó como una ermita consagrada al culto de San Miguel y San Andrés; durante siglos, anualmente, se celebraron romerías y procesiones hasta que, a finales del siglo XVIII o principios del XIX, quedó abandonada, se desmanteló y poco a poco fue quedando como ahora se la puede ver.



     La campana de la espadaña fue lo primero que desapareció, pues se llevó a San Cristóbal para cumplir allí sus funciones y el retablo fue a parar a la iglesia parroquial de San Sebastián.



     Hoy sólo queda de ella un trozo del ábside, que permanece en pie a pesar de todo; en él se aprecia cómo fue edificada la iglesia, cantos, más que piedras, unidas por cal e hileras de ladrillo intercaladas para adornar y dar más fijeza; hasta hace unos veinte años aún quedaba la pared norte, nueve metros más o menos, y unos cinco de altura, que hoy está esparcida en lo que era la nave; ahora bien, la panorámica es inigualable; hay que cerrar los ojos e imaginarse aquel lugar lleno de vida; los rebaños volviendo de los campos segados, el sonido de las esquilas; las mujeres lavando en el río o trayendo, apoyados en la cadera, los cántaros llenos de agua; al fondo la sierra, que atraería sus miradas y su ansia por acercarse a ellas, a un sitio menos salvaje y apartado y los bosques que subirían por el sur, hasta las falda de esos montes… y detrás, la tierra roja de las cárcavas de donde sacaban el material para sus adobes y sus cacharros de barro, protegiéndolos de los fríos del norte.



     ¿Qué nos queda, pues, aparte de estas piedras que ya no durarán en pie mucho más? El retablo que aún hoy podemos admirar en la iglesia parroquial; esas maderas pintadas de azul claro en el lado del Evangelio, justo delante del púlpito. Arriba, un cuadro representa al santo titular: el arcángel San Miguel y, en el centro, la parte más interesante (y más valiosa), en un estilo gótico tardío se ven las imágenes de San Juan y de la Virgen mirando uno hacia arriba y la otra hacia abajo, que acompañan una imagen del Cristo en la cruz (que seguramente no es el original); es una pintura única que merecería una buena restauración; fijaos bien en la ciudad del fondo, amurallada y con grandes y altos baluartes, se supone que es Jerusalem, pero, a poco que comparéis con otras pinturas, se distingue un estilo francés muy acusado.



     Espero que disfrutéis o hayáis disfrutado de la visita.

13 de julio de 2021

La Carretera Nacional N-110

     

   


 

      Hoy vamos a tratar de la carretera que, pasando por nuestro pueblo, lleva hasta la capital de la provincia: Ávila y a la también cercana Segovia, y que se denomina, oficialmente, como Carretera Nacional N-110 de Soria a Plasencia; esto es: nuestra carretera; pero no siempre se ha llamado así, esto sucedió en el año 1939, en el que Alfonso Peña Boeuf, ministro a la sazón de Obras Públicas, dictó un Plan General para racionalizar la construcción y denominación de las carreteras.

     En principio se llamaba “Carretera de primer orden de Villacastín a Vigo”, ya existía desde muy antiguo, tanto que puede decirse que se hizo sobre una calzada romana que unía las ciudades de Ávila y Segovia, restos de esta calzada es el antiguo puente de Cal y Canto sobre el río Voltoya, con un trozo de calzada en su entrada oeste y algunos de los puentecillos que cruzan el río Cardeña nada más pasar la Fresneda.

     Hernando Colón, en su “Descripción y Cosmografía de España”, editado en 1517, habla así de esta carretera que, como os podéis imaginar, se trataba sólo de una explanación de tierra apisonada durante siglos:

     “Partiendo de Villacastín para Aldeavieja, hay una legua larga de berrocales; la primera media legua es cuesta abajo y la otra mitad cuesta arriba y en ella hay monte bajo y robledales y en medio del camino se pasa un arroyo que corre todo el año, hacia la derecha y a la izquierda siempre la sierra que hace como una rinconada y más tarde un saliente junto a Aldeavieja.

     Aldeavieja es lugar con ciento cincuenta vecinos; está en un valle al pie de la sierra, que está al mediodía; es aldea de Segovia y hasta allí hay siete leguas; se va por Villacastín, a una legua; Ituero, media legua y por San Pedro de las Dueñas legua y media; y Bernuy de Palacios dos leguas. Hasta Ávila hay cuatro leguas y se va por Mediana a dos leguas; por Berrocalejo, media legua y por Vicolozano. Hasta El Espinar de Segovia hay tres leguas por la falda de la sierra que queda a mano derecha.

     Saliendo de Aldeavieja para Mediana hay dos leguas pequeñas, la primera media legua es de barrancos y siempre queda a mano izquierda la sierra; esta legua primera es toda de montes y manchas y la última es de tierra doblada y algunos vallezuelos y tierras de pan; a medio camino pasamos un río llamado Voltoya, que corre a mano derecha..

     Mediana es lugar de treinta vecinos, con un cerro a dos tiros de ballesta, pasa un arroyo junto a este lugar que se seca en verano, y es aldea de Ávila.

     Urraca Miguel es lugar con veinte vecinos, está al pie de la sierra y es de Pedro Dávila.

     Berrocalejo tiene doce vecinos, está dividido en tres partes y pasa por medio un arroyo que se seca en verano, está en un vallezuelo y es aldea de Ávila.

     Vicolozano es lugar con cinco vecinos, está en un teso entre unos berrocales y es aldea de Ávila.”

     Esta carretera de tierra apisonada quedó, con el tiempo, pequeña y anticuada para las nuevas necesidades, pero no será hasta el siglo XIX en que se considere, y se realice, una modernización de la misma acorde con los tiempos modernos.

     En 1872, Juan Martín Carramolino, en su libro “Historia de Ávila, su Provincia y Obispado”, escribía lo   siguiente con respecto a ella:

     “Desde la salida hasta Aldeavieja está terminada en una extensión de siete kilómetros. Desde Aldeavieja a Mediana se halla en construcción y se terminará dentro de dos meses, en una extensión de nueve kilómetros. Desde dicho Mediana hasta la entrada de Ávila se halla construida en una extensión de 12 kilómetros. En Ávila está la travesía sin estudiar, incluyéndose en dicha travesía un puente de primer orden sobre el Adaja, y tiene una longitud de tres kilómetros.

     Tiene dicha carretera en total una longitud de 79 Kilómetros, 332 metros. Su origen en Villacastín, provincia de Segovia, teniendo una longitud dentro de dicha provincia de 4.600 metros, pero corresponde su estudio, construcción y conservación a la Provincia de Ávila: pasa por Aldeavieja, bastante próxima a Mediana, Berrocalejo y Vicolozano, cruzando por Avila, la Alamedilla, Aveinte, San Pedro del Arroyo, Chaherrero, Salvadiós, y cerca de Gimialcón, en cuyo término concluye en esta Provincia.

     Emilio Valverde y Alvarez, autor, en 1886, de una “Guía del antiguo reino de Castilla”, al hablar de la carretera que nos ocupa dice:

     “Nace esta carretera en Ávila. Déjase a la izquierda la estación del ferrocarril, se cruza la línea, y por terreno muy accidentado y ondulado se llega a los seis kilómetros a Vicolozano, lugar con 294 habitantes y 105 viviendas, situado a la izquierda, en la falda de un pequeño cerro, con los barrios de Brieba y Encinas, e iglesia parroquial aneja de la de Bernuy-Salinero.

     Desde Vicolozano se sigue la orilla izquierda del arroyo San Juanigo y se asciende luego para cruzar la pequeña divisoria entre el Voltoya y el Adaja, que se salva a los cuatro kilómetros, descendiendo después, pasando por un pontón el arroyo Berrocalejo, dejando a la izquierda el lugar de Berrocalejo de Aragona, dos kilómetros después, a la derecha el de Mediana, pasando por otro puente de tres arcos el Voltoya, salvando el límite de las provincias de Segovia y Ávila, más tarde, el río Cárcobas, por un pontón, y llegando por la Paramera de Ávila a los 23 kilómetros a Aldea Vieja, lugar con 763 habitantes y 250 viviendas, situado en llano y en la ladera de un cerro, cerca de la sierra de Campo Azálvaro, con cinco calles, una plaza, casa municipal, escuela, iglesia parroquial, dos ermitas y el célebre santuario de Nuestra Señora del Cubillo. Riegan su término los arroyos Tijera y Cardeña, y en su industria figuran una tenería de curtidos y telares de estameñas ordinarias.”

     En 1894, la Dirección General de Obras Públicas, en su Memoria sobre la situación de las carreteras del Estado, indicaba que dicha carretera se encontraba construida desde Villacastín hasta el confín de la provincia de Salamanca, con un total de 80,377 kilómetros dentro de la provincia de Ávila, en los que se incluían 4,639 que pertenecían a la provincia de Segovia; señalaba, además, que faltaba por terminar la travesía de Aldeavieja.

     Y así hasta hoy, todos hemos visto su ensanche, sus muy diversos asfaltados, las señalizaciones, etc… que la han conformado hasta lo que tenemos.