25 de febrero de 2022

La romería de El Cubillo en 2008

 

          Hoy vamos a continuar con las apariciones, en la prensa, de las romerías de la Virgen del Cubillo; en este caso del año 2008; así, siguiendo la tradición, el “Diario de Ávila”, de fecha 9 de septiembre, anuncia en la portada el siguiente titular:

SANTA MARÍA DEL CUBILLO

Explosión festiva en la provincia.



          Al que acompaña, a media página una serie de fotografías de distintas localidades entre las que sobresale, por su tamaño, la dedicada a Aldeavieja.



          Después, en la página 14, le dedica un reportaje escrito, debido a Beatriz Mas, acompañado por dos fotografías de la romería debidas a Paloma Capelo; los titulares son elocuentes:

La Virgen del Cubillo, de romería.

Los vecinos de Aldeavieja celebraron el día de Santa María del Cubillo junto a su ermita.

Al terminar la procesión, la imagen de la Virgen permaneció en el exterior de la ermita.



          A continuación os dejo el texto de dicho artículo:

Beatriz Mas/Aldeavieja.

Cuentan desde la Cofradía de Nuestra Señora del Cubillo que la popular romería comenzó desde que se le apareció esta Virgen a un pastor. Una tradición que aún hoy continúa y que se espera cada año por miles de personas, aunque este año se contó con menos presencia que en anteriores ocasiones, al celebrarse en un día de diario.

Los niños se subieron a las andas de la Virgen del Cubillo.

Sin embargo, a lo largo de la mañana pudieron verse muchos coches, y personas que decidieron hacer el camino a pie, que acudieron en romería desde Aldeavieja hasta el lugar donde está situada la ermita de Nuestra Señora del Cubillo. Así se cumplió con la tradición de participar en la romería pero también con la intención de celebrar un día de fiesta como pudo verse en la explanada llena de personas que se repartieron en los alrededores de la ermita.

Así, un año más se asistió a la celebración religiosa en la ermita que precedió a la procesión que recorrió los alrededores, una procesión en la que pudo verse la devoción de los fieles que siguieron el pequeño recorrido y que, aún después, continuaron acompañando a la Virgen, que permaneció en el exterior del templo para la subasta de banzos y para que los niños se subieran a sus andas. Allí se presentó con sus colores, el blanco y el azul, mientras que los vecinos de Aldeavieja y muchas personas relacionadas con el pueblo que llegaban de diferentes puntos de España aprovechaban la ocasión para pasar unos minutos en la ermita.


Los asistentes a la romería rodearon la imagen de la Virgen.

Mientras tanto la celebración también continuó en el exterior donde podían verse juegos y atracciones para los niños y familias repartidas con la llegada de la hora de comer. A los más atrevidos se les podía ver incluso en el campanario.

Ahora, tras el día de romería, las fiestas no se acaban y hoy tendrá lugar un concurso de cocina con segundos platos y postres así como la comida de las peñas, juegos y actuaciones. El miércoles tendrá lugar la parrillada, fiesta de la espuma, baile y chocolatada.

 


4 de febrero de 2022

Los Cubillos de 2005

 Siguiendo con la aparición en la prensa de las fiestas de nuestro pueblo, Aldeavieja, hoy he traído a este espacio las páginas del “Diario de Ávila” del viernes 9 de septiembre del año 2005.

En la portada aparecían los siguientes titulares, acompañados de una gran foto a todo color:

Cientos de personas mostraron su devoción a la Virgen del Cubillo en Aldeavieja.

La romería y posterior procesión de la Virgen del Cubillo congregó a cientos de abulenses y visitantes en torno a la ermita situada en Aldeavieja.  (David Castro)

Después, en su página número 13, aparecían cuatro fotografías en blanco y negro acompañadas del siguiente texto, debido a la pluma de Beatriz Mas:

La Virgen del Cubillo, rodeada de fieles.

La imagen de la Virgen del Cubillo se vio ayer rodeada de cientos de fieles que la acompañaron en su procesión alrededor de la ermita. En esa procesión fueron protagonistas los niños y el sonido de las campanas. (Foto: David Castro)

La devoción tomó Aldeavieja

Aldeavieja acogió ayer la romería y procesión de la Virgen del Cubillo, cuya imagen llevó a los niños en sus andas y que estuvo acompañada en su recorrido por los fieles – La música corrió a cargo de la Banda de Música de Navalperal.

Beatriz Mas/ Aldeavieja.


 Con vítores, el himno de España y el sonido de las campanas salió la imagen de la Virgen del Cubillo de su ermita para complacer a los cientos de personas que la esperaban fuera y que acompañaron a la virgen alrededor del templo, en su pequeña procesión.

Vestida de verde y blanco, la Virgen del Cubillo hizo su habitual recorrido precedida por la Banda de Música de Navalperal de Pinares que, con su música, animó la procesión hasta llegar de nuevo a la ermita. Los 18 jóvenes músicos fueron los encargados de hacer sonar la partitura que parte de los presentes bailó acompañando a la virgen. Durante el recorrido, los niños fueron los protagonistas, ya que pudieron acompañar a la imagen en sus andas. Aunque alguno no estaba muy de acuerdo con la idea, los padres se mostraron encantados de ver como sus pequeños se paseaban junto a una virgen, que fue seguida por el resto de los presentes. Entre los presentes, se encontraban jóvenes de las peñas y personas llegadas de otras localidades y provincias, como Navalperal de Pinares, Las Navas, Madrid y Segovia, según afirmó el alcalde, Francisco Pinto. El regidor recordó la “gran devoción” que existe en la localidad por la Virgen del Cubillo y destacó que, en esta ocasión, la romería contó con menos público que otras veces, ya que no coincidió con el fin de semana.

La devoción hizo que, en todo momento, la imagen estuviera acompañada por los fieles que acompañaron a la virgen toda la procesión, una vez escuchadas las palabras del obispo de Ávila, Jesús García Burillo, en la eucaristía. La ermita se quedó pequeña para esa eucaristía y muchos de los fieles tuvieron que esperar fuera, ya que no había sitio para todos los que querían presenciar la misa.

Tras los últimos vítores y la tradicional subasta, la imagen pudo volver al templo y, los presentes pudieron disfrutar del resto del día de campo, aunque el tiempo no terminó de acompañar. Para la ocasión, la explanada que rodea a la ermita, estaba llena de puestos de mercadillo y algunas atracciones para el disfrute de los más pequeños. Aún así, la diversión no estuvo en esas atracciones sino en la posibilidad de celebrar un día de fiesta junto a la venerada imagen.

Quien no podía faltar a la cita era el presidente de la cofradía, Frutos Magdaleno, y el alcalde de Ávila, Miguel Ángel García Nieto quien se trasladó hasta Aldeavieja no por deber político sino por “un sentimiento familiar”, ya que sus hijos fueron bautizados en esa ermita. Por ello, decidió acompañar a la imagen en la procesión y compartir parte del día en una localidad a la que le unen los lazos familiares.

La fiesta no acabó con la procesión de la virgen. Aún quedaba tiempo para divertirse el resto de la jornada y para prepararse para las celebraciones de hoy, cuando los niños podrán disfrutar de atracciones. Además, tendrá lugar un concurso de cocina y el baile de disfraces. Por último, el sábado está prevista la celebración de una gran parrillada en la plaza, una fiesta de espuma y un desfile de disfraces. Las fiestas acabarán con una chocolatada y la quema de la sardina.






16 de enero de 2022

Aldeavieja: La primera romería del siglo XXI

 

En otras ocasiones he traído a este sitio el relato de las fiestas en honor de la Virgen del Cubillo tal y como ocurrieron en el siglo XIX o a principios del XX; siguiendo esa línea hoy os invito a leer la crónica que “El Diario de Ávila” hizo sobre esta celebración en su número de 9 de septiembre de 2001, esto es, de la primera romería que se hizo en el siglo XXI.

Ya, en su primera página, el rotativo lo anunciaba con la foto a todo color y a grandes titulares:

Miles de fieles honraron a la Virgen del Cubillo.

La ermita “estrenó” los retablos recientemente restaurados.



Después, en su página número 13, seguía el texto de la noticia, firmado por la Redacción del periódico, y al que acompañaban dos fotografías que aquí incluimos; hay que hacer referencia que de las fotos, dos están firmadas por Nacho Jiménez y la tercera se atribuye a la Redacción.

Únicamente hacer referencia a que “la veintena” de cofrades a que aluden como integrantes a la “hermandad”, hay que tomarlos como “los mayordomos” encargados de la función en ese año, no como el número total de cofrades; bueno, pues os dejo con el relato:

ALDEAVIEJA FERVOR, DEVOCIÓN E ILUSIÓN EN TORNO A LA IMAGEN DE LA VIRGEN

Miles de fieles acudieron a honrar a la Virgen del Cubillo.

Eucaristía, procesión, música y hermandad fueron las notas características de la jornada.

REDACCION. Ávila-

Cada ocho de septiembre una multitud de fieles acuden a la ermita de Nuestra Señora del Cubillo para honrar a la Virgen en esta advocación. Este año la Romería se celebró con la presencia de miles de fieles que mezclaron la devoción, la ilusión y el ambiente festivo. Peñas y visitantes se unieron para dar color y movimiento a la localidad abulense de Aldeavieja, en la que se venera a la imagen del Cubillo.

Muchos de los fieles que en la jornada de ayer tomaron parte de la romería cumplían las promesas que habían realizado a la Virgen peregrinando descalzos hasta la ermita o recorriendo de rodillas el pasillo central del templo. El fervor que despierta esta imagen hace que independientemente del frío, el calor u otras adversidades atmosféricas, el público acompañe a la Señora en su día.

Los actos en honor a la Virgen del Cubillo comenzaron a las 12,30 horas con la celebración de una eucaristía multitudinaria que obligó a muchos de los feligreses a escucharla desde la puerta, dada la cantidad de gente que se congregó en el templo. Puestos y bares instalados en las inmediaciones del templo amenizaban la espera de las muchas personas a las que les resultó imposible el acceso a la iglesia.

PROCESIÓN

Una vez concluida la misa, la imagen de Nuestra Señora del Cubillo fue sacada en procesión por los alrededores de la ermita al son de la música; una música que protagonizó el momento de mayor emoción cuando se escuchó el himno de España mientras la Virgen salía del templo. Durante todo el recorrido que realizó la Virgen del Cubillo la imagen se movía acorde con los compases musicales entre decenas de filas de fieles que bailaban las tradicionales jotas segovianas, a modo de homenaje a la advocación de la virgen. Tras la procesión, con la imagen como protagonista, se procedió a subastar los estandartes y los mejores postores introdujeron en la iglesia los paños que le habían sido adjudicados. Otra de las tradiciones que conlleva esta fiesta es la presencia y protagonismo de los niños, que son alzados sobre el trono de Santa María del Cubillo. Cada año el número de asistentes a esta cita lúdico-religiosa va en aumento, al igual que los cofrades de la hermandad de la virgen, que en la actualidad ronda la veintena. Los cofrades agasajaron a los asistentes con un pequeño convite, ofrecido en las instalaciones anejas a la ermita. La cofradía de Nuestra Señora del Cubillo se fundó en el año 1953 y sus integrantes son los encargados de dotar a la fiesta de esplendor. La iglesia lucía sus mejores galas, adornada con decenas de ramos y centros de flores, en los pies del altar, y con todas las velas encendidas en señal de homenaje a la Virgen.

29 de diciembre de 2021

La misa del gallo (cuento)

 

     Sólo se oía el silbar del viento metiéndose entre las maderas mal encajadas de las ventanas; se apartó de ellas, fuera todo era oscuridad, una noche sin luna o, tal vez, una luna oculta tras las nubes; ¿qué mismo daba si no se veía nada?; se acercó al fuego que chisporroteaba alegremente en el hogar, se calentó las manos acercándolas a las llamas, ese era su único placer; alzó la vista… también por el tiro de la chimenea se oía el largo lamento del aire como cuando te acercas una caña a los labios y emites ese quejido largo y armónico que se desplaza a través de valles y cerros.

     Se sentó en la butaca frailera y miró fijamente la danza de las llamas, le atraían sus cambiantes formas, sus reflejos azules, verdosos, rojos, dependiendo de la parte de la madera que se quemaba y luego paseó la vista a su alrededor… el fuego iluminaba los basares que, sujetos a las paredes, mostraban su carga de platos, jarras, vasos y bandejas;

     Las paredes enjalbegadas mostraban sombras extrañas, caprichosas, siguiendo el baile enloquecido de las luces que surgían de las brasas…

     De pronto se quedó quieto, algo más se oía por encima, o detrás, del ulular del viento; era otro lamento, esta vez más nítido y quizás más potente, o más salvaje; sí, le era muy familiar, era el largo y vibrante aullido del lobo llamando a sus iguales, reuniéndoles para la cacería, para la cabalgada hacia las casas donde habitaban los hombres, hacia la aldea, hacia su casa y las de sus vecinos… hacia su comida; era la llamada del hambre y de la lucha y aquel sonido, tan temido u odiado por algunos a él le atraía, a la vez que le recordaba momentos, quizás los únicos, en que se había sentido realmente vivo.

     Se acercó, de nuevo, a la ventana… no esperaba ver nada, por supuesto, pero le pareció que el viento silbaba con menos fuerza y que la ventisca amainaba; de pronto, un sonido, que no por ser familiar dejó de sorprenderle, le llegó nítido y vibrante: era el sonido de la campana de la iglesia llamando a la misa del gallo, esa ceremonia típica de la Nochebuena a la que tantas veces había acudido en compañía de sus padres, cuando era un niño… ¡tam, tam, tam….! era el primer toque, la primera llamada para que los vecinos se fueran preparando para acudir al templo; ¡cuántos recuerdos!, unos buenos, otros no tanto, acudieron a su mente mientras oía aquellos toques metálicos y poderosos.

     ¿Y si esta noche fuera a la iglesia? ¿y si se acercara a oir aquella misa del gallo? Quizás, sólo quizás, podría volver a ser todo como antes… salir de aquella angustia que le atenazaba día a día, perder aquella soledad que le sumergía en aquella pesadilla en la que se había convertido su vida desde aquello…

     Se sentó en la butaca pensativo, no tenía muy claro qué hacer, cual sería la mejor opción: ¿ir? ¿quedarse?; fijó la mirada en el fuego, el baile de las llamas le atraía con sus ondulaciones, la madera chisporroteaba mientras se consumía y, cerrando los ojos, retrocedió a aquellos días de su infancia, aquellas noches de Navidad en que su madre se afanaba ante la cocina para poder darles una cena especial, algo distinto a lo que comían el resto del año, sus manos amasaban sin parar preparando lo que después serían empanadas rellenas o pelaban verduras que después se convertirían en el bocado más exquisito que nunca habrían probado… su padre, mientras, disponía, en una de las mesas, las figurillas de un Belén rodeadas de musgos, piedras y un riachuelo que llevaba agua de verdad…

     ¿Qué conseguía recordando aquellos momentos?, por un instante se quedó con la mirada fija en el techo; sobre las vigas de madera las sombras que las llamas reflejaban bailaban formando figuras que, a veces, le parecían formas obscenas ocupadas en el más descarado de los espectáculos…

     Las campanas volvieron a tocar: ¡tam, tam…!, ¡tam, tam…!; era la segunda llamada, pronto serían las doce y empezaría la ceremonia; se levantó acercándose a la ventana… nada se veía, nada; su casa estaba en un extremo de la aldea y raro tenía que ser el que viera los reflejos de los faroles de los vecinos mostrando el camino hacia la iglesia; ¡sí, iría!.

     Descolgó del perchero su viejo gabán, la bufanda de gruesa lana y el sombrero de fieltro; comprobó que los guantes estaban en los bolsillos y empuñando uno de los bastones que descansaban junto a la puerta descorrió los cerrojos que le separaban del exterior.

     Fuera la oscuridad era total, pero eso no le impedía saber por dónde iba; hacía un frío que intentaba meterse en su cuerpo y el sonido de la nieve cuando era pisada por sus fuertes botas le daban la impresión de encontrarse en alguna vasta llanura helada con destino a ningún sitio.

     A ambos lados le parecía percibir las negras moles de las casas, pero de ninguna de ellas salía el más mínimo resquicio de luz, ni el más leve sonido; le vinieron a la mente aquellas noches, tan frías y oscuras como ésta, en la que bien abrigados, seguían el tenue resplandor del farolillo que portaba el padre, en fila india, uno tras otro, con la madre detrás de todos, dirigiéndose hacia la plaza y llamando con risas y canciones a los otros vecinos que se les iban agregando por el camino.

     Nadie en el camino, sólo la blanca compañía de la nieve, que impedía la total oscuridad y el canto del viento al soplar entre los tejados y las chimeneas; ni una sola columna de humo se elevaba por encima de las casas y aquella soledad le iba pesando como si llevara un costal lleno de piedras sobre sus espaldas.

     ¡Por fin!, frente a él se alzaba la masa de la iglesia y en medio de ella, la puerta se veía señalada por la luz que, desde su interior, enmarcaba su silueta; en ese mismo momento las campanas comenzaron a sonar… era el tercer toque, cuando dieran su último tañido el sacerdote saldría de la sacristía y comenzaría la misa… nuestro hombre llegó a la puerta, dentro se oía un murmullo como de gente esperando, pisadas, susurros, alguna vocecilla infantil y el cristalino sonido de las sonajas de la pandereta; un escalofrío recorrió su cuerpo paralizando la mano que  iba a empujar la puerta; aquellos sonidos eran reales, él los oía, había luz, pero… la puerta cedió, al fin, a su empuje, cruzó el umbral, la luz del interior iluminó su rostro, un rostro que poco a poco fue perdiendo el color, los ojos muy abiertos, casi como si fueran a salirse de las órbitas… la nave de la iglesia se mostraba en toda su magnificencia iluminada por cientos de bujías y farolillos, junto al altar mayor un belén grandioso enseñaba el nacimiento de Jesús con figuras de terracota bellamente coloreadas, de la tribuna bajaban las notas del órgano que componían el comienzo de uno de los más conocidos villancicos y, en los bancos, en los reclinatorios, sobre los ruedos de esparto esparcidos por el suelo, las osamentas de los que fueron vecinos del pueblo atendían a la salida de otro esqueleto que, vestido de sobrepelliz y casulla, salía de la sacristía camino del altar…

     Apenas volvieron sus vacías calaveras cuando se oyó, sobre las piedras de la entrada, el sonido de un cuerpo que caía golpeándose contra el suelo. Sólo entonces, cuando dejó de latir su corazón, aquellos seres, si se les puede llamar así, fueron recogiendo sus enseres y fueron desapareciendo; uno tras otro, como absorbidos por el suelo iban ocupando las huesas que había debajo de las lápidas que formaban el pavimento del templo; todo esto se iba desarrollando ante la presencia del esqueleto que permanecía de pie ante el altar, como testigo o notario de cuanto allí ocurría; cuando la última de aquellas almas desapareció se vio cómo aquella calavera entreabría sus mandíbulas y, a la vez que también se esfumaba, se escuchaban unas palabras que eran como el punto final de aquella historia: ¡consumatum est!