27 de enero de 2016

Aldeavieja: siglo XX: una boda en 1905. 5.

          1905, se celebra otra boda “de campanillas” en Aldeavieja, los tiempos cambian y ya sólo habrá un día de celebración en vez de los acostumbrados tres o cuatro; hay que perdonar el estilo ampuloso y algo cursi del corresponsal (no hay que olvidar que los comienzos del siglo XX son tiempos de un renacer del viejo romanticismo y que la boda se celebra entre miembros de una clase social llena de mojigaterías: la mediana burguesía  rural que siempre ha querido parecer más de lo que es)
           El lunes último celebróse en Aldeavieja un fausto acontecimiento que, repercutiendo en la mayoría de sus hogares, llevó numeroso gentío a la Iglesia  parroquial, acudiendo unos por rendir cariñoso tributo a la amistad; otros, por rendirlo a la santa curiosidad; y todos, no cabe dudarlo, por honrarse honrando a la feliz pareja que lo motivaba.
          Dos simpáticos primos-hermanos, de las más acaudaladas familias de la localidad iban a unirse con los santos e indisolubles lazos del matrimonio, sueño dorado que acariciaran, acaso desde la infancia. El, Juan Moreno Esteban, distinguido Notario de Toledo, que apenas comenzado el ejercicio de su profesión, fue elevado al Decanato por sus compañeros; ella, Juana Gordo Moreno, gentil y virtuosa doncella, que por su afabilidad y buen carácter se hizo acreedora al cariño de todos.
          El citado día, reunido el acompañamiento en casa de la novia, a las diez de la mañana apareció ésta lujosamente ataviada con valioso vestido negro de encaje, vaporoso y elegante velo blanco de desposada, soberbio aderezo de diamantes y la simbólica flor de azahar, que realzaban considerablemente su natural belleza; y a los acordes de precioso pasodoble ejecutado en magnífico piano de manubrio, se puso en marcha, escoltada por todos los jóvenes que asistían a la boda; seguían, el novio, de severo y bien cortado traje negro de levita y sombrero de copa, llevando a derecha e izquierda respectivamente, al padrino y al que momentos después sería su padre político; y a continuación el resto del acompañamiento como se acostumbra en todas partes.
          Bendijo la unión D. Emilio López Esteban, primo de la novia, Capellán de la Casa de Misericordia de Ávila, y fueron padrinos el acaudalado propietario y Alcalde de este pueblo, D. Juan Moreno López y su señora Dª Felicísima Gordo Moreno, tíos de los novios.
          Terminada la misa nupcial desfilaron los novios por delante de los concurrentes recibiendo entusiastas felicitaciones y seguidos de los pollos y demás acompañamiento se dirigieron a la casa de los padrinos, donde las bellísimas hermanas de la novia, sirvieron abundante refresco, ayudándolas en la tarea sus hermanos y primos.


          A las cinco de la tarde organizase nutrido baile en la Plaza Mayor, frente a la magnífica casa que allí poseen y habitan los padres de la novia, donde a los acordes del piano de manubrio, el elemento joven lució sus habilidades en el arte de Tersícore, constituyendo las doncellas precioso plantel donde la belleza y la juventud establecieron sus reales; baile que tuvo considerable refuerzo al anochecer con la presencia de numerosas parejas que por las ocupaciones propias de la recolección no pudieron prestar antes su concurso, prolongándose hasta cerca de las once de la noche.
          A la una de la madrugada reanudóse el baile, que terminó a la salida del sol, del martes, con no poco sentimiento de los jóvenes de ambos sexos, que se mostraron incansables, siendo esta boda una de las que forman época en esta Vieja Aldea, pues en dicha boda como en la de una hermana de la novia, celebrada con el actual Alcalde de Sangarcía, cuatro años ha, y de la que entonces nos ocupamos en las columnas de este periódico, reinaron el buen humor, la alegría, el lujo, y el mejor gusto en la confección de trajes y toilletes de las pollitas.
          El miércoles abandonaron el pueblo los recién desposados, quienes provistos de su billete kilométrico se proponen visitar las más importantes poblaciones del Norte, regresando a primeros de septiembre para servir, como Mayordomos, la función de nuestra Excelsa Patrona, la Virgen del Cubillo.
          Y para terminar, sólo nos resta felicitar desde las columnas de este Diario a los desposados, deseándoles interminable luna de miel; a los padres de la novia, el rico labrador y ganadero, y muy querido amigo nuestro, don Andrés y doña Teresa; a la madre del novio doña Adela; a los jóvenes de ambos sexos, por su buen humor, mesura y ejemplar corrección en todos sus actos, permitiéndonos recomendar a los pollos recalcitrantes que presenciaron y tomaron parte en esas diversiones, que guiados por noble emulación, sigan en breve el camino de la Vicaría, que les dejaron ya trazado, los desposados.

El Corresponsal. Aldeavieja agosto-10-1905.

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