Hoy vamos a echar una
mirada al pasado; quizás habréis visto en la Wikipedia de Aldeavieja que, entre
los hijos ilustres del pueblo, se nombra a un tal “Fray Miguel de Santa María” y mi curiosidad me llevó a rebuscar
entre papeles y libros para ver qué encontraba de este personaje y sí, en un
viejo mamotreto titulado “Biografía
Eclesiástica Completa”, del año 1849 lo encontré, el subtítulo del libro
era: “Vidas de los personajes del antiguo y nuevo testamento, de todos los
santos que venera la Iglesia, papas y eclesiásticos célebres por sus virtudes y
talentos” y allí, en un artículo firmado por un tal Antonio López, aparecía nuestro personaje; en fin, aquí os dejo el
susodicho artículo para que disfrutéis con él:
Religioso jerónimo en
el monasterio de San Blas de Villaviciosa. Era natural de Aldea Vieja, en la
abadía de Párraces, y dejó en aquella comunidad memorable fama de su virtud y
ejemplo. Vino a tomar el hábito desde el seminario de S. Lorenzo, donde estudió
la gramática, y después le hicieron colegial también del Real colegio de aquel
monasterio, y salió lucido estudiante,
buen predicador, de grande y fervoroso espíritu. Le nombraron maestro de
novicios luego que volvió del colegio y a poco tiempo vicario y luego prior y
del mismo modo, sin que se alargasen los espacios, lo fue en muchos monasterios
de la Orden y visitador general de Castilla, de Aragón, de Andalucía y
definidor, desempeñando otros cargos honrosos en los cuales nunca se le observó
como violentado, sino como en su centro, por su conocida observancia y gran
capacidad.
Nunca se le oyó palabra
en contra de sus hermanos aunque fuese provocado, señal cierta de bondad,
caridad y humildad de su corazón. Decía la Misa con grande sentimiento y
ternura; rezaba todos los días el oficio de difuntos, el de nuestra Señora y
otros muchos que aún no satisfacían su gran devoción. Leía muy a menudo libros
espirituales, prefiriendo en su particular afición al gran padre espiritual
Tomás de Kempis, por lo excelente de su Teología mística. Constantemente estaba
en esta ocupación y en otras de la observancia, en cuya puntualidad igualó a
los más célebres.
En su vejez, afectado
de la gota, que le dio mucho en que merecer, no podía asistir al coro y hacía
el coro de la celda, sin cesar en sus divinas alabanzas y oraciones, con las
que levantado el espíritu a Dios, templaba los dolores del cuerpo. Se le
aumentaron de tal modo, que le tuvieron preso en cama mucho tiempo; purgatorio
que le dio el Señor para salir sin contratiempo de esta vida y trocar la gota,
que pasó con tan extremada tolerancia, en bienes permanentes de gloria. Cuyo
fin consiguió muriendo santamente el 16 de Abril del año 1641, con general
sentimiento de sus hermanos y de los que le trataron, pues a todos tocó la
pérdida de varón tan estimable.
Siendo prior en su
casa, sucedió un caso que se tuvo por milagroso. Estaba el refectorio ruinoso y
con muchas quiebras, y se trató de repararle, apuntalándole por dentro,
entrando la comunidad a la hora de comer y cenar, juzgándolo seguro; pero el
día que se celebraba el Ángel de la Guarda, estando recogida la comunidad,
entre ocho y nueve de la noche, se hundió, sin producir más daño que quebrar la
vajilla de las mesas, de suerte que las tablas se pudieron aprovechar; y fue
admirable, que los religiosos que habitaban las celdas sobre el refectorio, el
día antes movidos de celestial inspiración, se pasaron a otras de la
enfermería, y únicamente dos que dormían en un extremo, quedaron en pie los
dormitorios, y ellos libres en sus camas.
No paró aquí la maravilla, pues un donado que se llamaba Marcos de Heba, cocinero, hombre virtuoso y de mucho provecho en la casa, habiéndose recogido muy de propósito para madrugar, se levantó una hora después que se había acostado, juzgando que se había dormido, y que ya había salido el alba, y pasando a llamar al criado que tenía en la cocina, volvió los ojos y vio caer el refectorio, y seguramente si no se hubiera levantado era preciso que hubiera quedado sepultado en las ruinas, como lo quedaron las alhajas y trastos de su celda. Fue gran maravilla no haber perecido nadie en este fracaso, y no se espantaron fuese tan grande atendiendo a haber concurrido a obrarla Dios, por medio de dos ángeles de guarda: el que se celebraba aquel día a 1º de marzo, y el prior que gobernaba la casa.
Todos dieron muchas
gracias al Señor por la misericordia que había usado con ellos; y el Santo
prelado volvió en su tiempo a levantar la fábrica de piedra de sillería, y
además se construyeron doce celdas de muy buena disposición. Conservó también y
aumentó las haciendas de la comunidad y los ganados; alhajó la iglesia y
sacristía con diversas joyas y relicarios de valor, como lo verificó en las
varias veces que gobernó el monasterio, mostrando la grandeza de su ánimo, y lo
poco que le acobardaban los malos temporales, para dejar de obrar en beneficio
de su casa lo mucho que le correspondía Dios a la confianza que tenía puesta en
su clemencia, y a quien dieron por sus grandes merecimientos el título de
bienhechor del monasterio.- A. L.
(Las fotografías son del estado actual del Monasterio de San Blas, del que Fray Miguel fue prior; se encuentra en el pueblo de Villaviciosa de Tajuña, en la provincia de Guadalajara)

