En octubre de 2020 hice una reseña del retablo de la Virgen del Rosario que se encuentra en la iglesia parroquial de Aldeavieja, en ella hablaba de unos pequeños cuadros instalados en el banco de madera, obra del pintor Matías de Torres (Aguilar de Campoo 1635 - Madrid 1711) y hoy vamos a hacer una referencia detallada de los mismos, así como a enseñároslos, pues seguro que muchos de vosotros no habéis reparado en ellos, como a mí me había pasado hasta que no se retiraron unos grandes floreros que los ocultaban a la vista; Matías era compañero y discípulo de Herrera el Mozo, uno de los pintores favoritos de José García de Cerecedo y del que aprendió mucho de lo que se encuentra en su pintura; especializado en cuadros pequeños para completar retablos, fue el elegido por Herrera y por Cerecedo para hacer los del retablo que nos ocupa. Anteriormente ya había pintado cuadros cerca de Aldeavieja: en la parroquia de Hoyos del Espino y en la de Peñaranda de Bracamonte.
El cuadro central corresponde a la puerta del sagrario y en él se representa el tema del Pelícano sacrificándose por sus crías, ya comentamos que este tema es uno de los más recurridos por la Iglesia católica que equipara al pelícano con Jesucristo ya que se creía que dicha ave se picaba el pecho hasta hacerse sangre para alimentar a sus crías cuando, realmente, lo que hacía era regurguitar la comida para alimentarlas. El cuadro está resuelto con grandes pinceladas iluminando a la madre que recuerda, vagamente, más a un cisne que a un pelícano, ave que, seguramente, nunca había visto nuestro pintor.
Los otros dos nos enseñan a la Virgen cosiendo y a San José con el Niño. Matías era un especialista en pintar escenas sobre la Virgen, existen varias obras suyas sobre la vida de María que aparecen en los retablos citados anteriormente.
En el primero, situado en el lado izquierdo del retablo, se puede ver a la Virgen cosiendo ropa, a sus pies reposa un cestillo en el que se aprecia una prenda y a la derecha un jarrón conteniendo flores que equilibra la escena, al fondo se distingue una pared alta que cierra las figuras. El manto de la Virgen se eleva tras ella como si soplara una ráfaga de viento.
En el segundo, a la derecha, San José, de pie, dentro de su taller abierto a la calle, le muestra al Niño unas herramientas de su oficio que reposan sobre una mesa, al fondo una casa de dos pisos sirve de telón. el Niño va vestido con un amplio ropaje rojo mientras San José lo hace con unas vestimentas oscuras que casi se confunden con el interior del taller.
Es una lástima que estos dos pequeños cuadros no se hayan restaurado, por lo que no se aprecia debidamente el colorido y la fineza de la pincelada que tanto gustan en Matías; quizás, algún día, ésto pueda realizarse y nuestro pueblo pueda sentirse orgulloso de ello como lo está de las pinturas de Herrera el Mozo.




